sábado, 3 de marzo de 2018

Brújula (Ruidos)

Visitar un lugar y considerar si es apropiado para el ocio es una tarea venerable que incita a valorar la calidad de la estancia y las futuras posibilidades de una visita próxima. Quedarse inmerso en un ambiente como si lo único que me queda es verme en el silencio de mi introspección; llegar al bar y encontrarme con los muchachos es mucho más cómodo que llegar al bar con el ideal de tomar, ¿Acaso la invención de los bares fue diseñada para llegar a embriagarse? 

- No sé vos, pero me parece una casualidad venir y encontrarme con las mismas almas en penas, a fin de cuentas a eso se reducen ustedes, ¿No? - Susurro en su oído.
- Es grato al menos saber que en tu vulgaridad guardas un poco de disimulo.
- Bueno, es lo que alguien de tu calibre merece para no ser etiquetado públicamente.
- Yo también te quiero.
- ¿Hipocresía? 
- Le diría honestidad amigo mío.

Ir de regreso a la casa, pensar en lo que pasó me hace sentir perplejo mientras Ernesto relata su día a día; un hospedaje en el parque, el alcohol nos toca y nos golpea como si se tratase de la brusquedad de un policía pedante en busca de un respeto que nos genera gracia. Ahora bien, ¿Cuál es la gracia de tu experiencia? Llegar de madrugada con los ojos hinchados mientras tu integridad se basa en la comicidad de las escenas que en un momento fueron gratas, como una vulgar tragicomedia que te hace llorar en la soledad de tus aposentos. Ernesto, estudiante de sociología que cursa el último año de su carrera, estudia para su gusto y trabaja para comer. Muchacho de calle, hombre de ingenios, qué andás pensando cuando me ves y sonreís como si la vida fuese un respiro, decí mi nombre, decí como me llamo; entonces te quedas absorto mientras ignoras lo que te pasa, viendo como si nada te importase el azul del cielo que te envuelve en las nubes. Qué pacífico sonreír cuando en tu cara la sonrisa se pinta falsa. Qué bonito conversar con vos que andas ebrio. Ebrio por la sobriedad absurda que vos mismo consideras la mejor. Llegamos a la plaza Fonseca y con un cigarro en la derecha me mirás con una seriedad que me provoca reír, todo porque el humo te sofoca y te alivia una ansiedad que ni vos mismo conoces. ¿Escuchás eso? ¡Es Lucía! 
  
- ¡Epa! ¿Cómo están muchachos?
- Mejor que nunca. - Expreso con neutralidad
- Se nota.
- ¿Dónde vas?
- A trabajar... Es muy temprano como para estar en la plaza, ¿No creen?
- Pues sí... -Afirma Ernesto.
- Bueno, les dejo, no quiero ser irresponsable.
- Yo también me voy, necesito llegar antes de las nueve, no vaya a ser que me pongan de irresponsable. - Comento abiertamente.
- ¿Ya? - Pregunta Ernesto.
- Sí, te veo luego quizá, cuidate.
- Adiós muchachos.

Qué bonito el día que te calienta la piel y se asoma con ganas al cuerpo, como el impacto sonoro de una ola que toca una piedra costera. Llegar como un infante emocionado al momento de entrar a la ducha, me hace recordar emociones que afloran distintas y apreciables sensaciones que se esparcen por el placer de un momento que tiene la más mínima importancia; es irónico saber que es gustoso deleitarse del sofoque y el humedecimiento, sentir en la cabeza el agua que viaja por casi todos mis poros, bañarme y reírme por el buen ánimo que me causa me hace pensar que debo buscar viaje lo más pronto posible. Ropa íntima, calcetines, pantalón, desodorante, camisa, gorra, listo.

Caminar sin más por el anden que me lleva a la parada del bus y forzarme a seguir por el hecho de que necesito comer se me vuelve monótono, de hecho, una obligación que trastoca soez mis deseos de poder sentirme libre de trabajar donde hago lo que no me gusta. Me pagan poco y no me alcanza ni para consentirme. Llego a la industria y me encuentro con el supervisor de la maquinaria. ¡Echevarría! Señor, dígame. Necesito que vaya e inspeccione el sector 4b, uno de los procesadores está presentado un calentamiento anormal y me preocupa porque quizá afecte a la producción de hoy. Está bien, en cuanto evalúe la situación e identifique el problema le informo. Intrigante mi llegada al sector 4b a orillas de la apertura de la oficina de supervisión, por un pasadizo visual que permite ver el escritorio del supervisor, encuentro a doña Fátima (esposa del supervisor) en el mero ajetreo candente encima del Ingeniero Augusto Fiallos (miembro de la directiva de la industria), que sorpresa, eso me pasa por fijarme. El ventilador no es el problema, las válvulas están reguladas según la mecánica del sistema, hace el mismo ruido mierda que me enferma y contamina mi paciencia, de hecho, el visor de temperatura no se muestra alto, ¿Por qué carajos me mandó aquí? Caliente está su oficina... Vaya. Supongo que es mejor no entrometerse donde no se me ha llamado.
La cabina de las maquinarias están alegre cuando llego, los papeles contienen datos coloridos en referencia al informe semanal de rendimiento, las luces brillan con ganas, las engrapadoras muerden el papel y genera un sonido que relaja mi mente, al tac de mis dedos, compás de 6x8, percusiones graves de una madera fuerte, mi escritorio como tambor y  el pitido inconstante de la interfaz reguladora; bienvenidos a mi sala musical, donde el ruido no existe y las melodías persisten.

Llego a la parada de nuevo, con el caminar cansado y los ojos con ganas de caerse, el bus tiene un calor especial en las noches de las ocho, hay poca gente y los asientos que dan espacio a ventanas me llaman con cariño; el viento sopla en mi cara con una delicadeza que yo percibo precisa, veo la calle que se tiñe de luces amarillas y blancas, personas que caminan a rumbos insospechados y la parada que se asoma próxima a mi destino. Ahí va el señor Martínez bien alegre, a una cuadra de distancia puedo ser capaz de apreciar como su semblante emana una esencia que a veces envidio. La ignorancia de no visualizar las totalidades me hace sentir una enorme tristeza que se traduce a múltiples omisiones que no pienso detallar, entonces el calor mudo de mi cuarto me inunda y me lleva a un ruido fuerte y cruel que en la cama yo llamo silencio.

viernes, 23 de febrero de 2018

Brújula (Prólogo)

 En la búsqueda de horizontes nuevos, uno anda meditando sobre los pasos que a continuación se presentan, de vez en cuando caminamos en busca de una razón que sobrepase cualquier intento de vaguedad; caminar es una forma de vivir, así como quien por pereza decide omitir aspectos importantes de la vida o podría decirse que es uno de los tantos modos de proceder. Es intrigante identificar situaciones que ameriten  decirse riesgosas, no por el grado de dificultad, quizá en el peor de los casos peligrosidad, pero decime vos que caminás, ¿Es necesario siquiera al menos valorar los factores antes mencionado? Es muy frustrante (para mí) lidiar con los factores de riesgos con lo que respecta a investigar las vagancias que a diario y sin buscarlas se me presentan; la concepción de ciertas palabras que, moralmente son poco aceptadas me hacen pensar si lo que consideramos poco ético de verdad carece de moralidad. No puedo venir y decir que la moralidad colectiva me vale un pedazo de mierda, no es nada respetuoso ocupar palabras soeces para expresar un malestar que se presenta temporal. 

Calificaciones basadas en criterios que no son los míos, ¿Debería acaso importarme la opinión ajena si en el fondo de mi noción no me importa?  No hay conclusión en un asunto donde las definiciones nos limitan, moverse sin rumbo es una cualidad que requiere ciertas aseveraciones, (que no me importa no considerar) sin embargo, solo queda caminar, sin brújula, sin viento, solo yo y mis aciertos. 





sábado, 13 de enero de 2018

Bucle

En un rincón, apartado de sonidos inquietantes, me pongo a pensar sobre las condiciones de mi entorno, casi como si el cerebro procesara sus ideas en prioridades según lo que más le afecte al cuerpo; si que hace un calor exarcerbante, está horrible. Tengo hambre, me toca cocinar y espero hacerlo bien. ¿Dónde está la sal? Suave me voy dando una idea de donde estoy, en este diminuto mundo hay muchos rincones, para ser específico no podría determinar un número exacto de cuantos hay; no es importante el dato, que calor más feo, mi piel se inunda y brilla al ritmo de las gotas del sudor, respiro porque sino me ahogo y es feo porque el aire sale caliente; intento darme cuenta en que rincón estoy, tengo  calor y mucha hambre, me siento como en un escena paradójica, ¿Será que estoy soñando? Que calor más cruel, siento que me quemo y ya el hambre se me fue; definitivamente esto es un bucle estúpido.

Por fin, abro los ojos y te veo en el lado izquierdo de nuestra cama, el lado que más te gusta, dormida muy bien acurrucada en la almohada; que sueño más raro.

- ¡Dagoberta! Dejanos dormir por favor que aún seguimos acostado.
Mirada tenue e irritada de parte de ella
- ¡Bah! No me veas así, te lo pedí como un favor.
- Que inmunda tu vida, seguis ahí como si no tuvieras nada que hacer, sos un boludo de primera.
- Vos no sos mi mamá, no seas ridícula

Buscando baño en la mañana, Yara en la cama durmiendo de tal forma perfectamente envidiable, que sutil se nos vuelve el aprecio cuando nos detenemos a observar; preparo el desayuno mientras la Dagoberta busca conversar con don Bruno que está leyendo el periódico bien agusto. Hay harina para mezclar y hacer panqueques, una docena de huevos y un tarro de margarina artesanal, voy en busca de las porras, en una de ellas pongo agua, azúcar, canela y clavo de olor, la miel que la Yara le gusta; otra porra lleva margarina a fuego lento y vierto la mezcla preparada al centro de la porra. Don Bruno me mira fijo como preguntándose lo que hago, le sorprendo y le doy vuelta en el aire al panqueque que está en el fuego, se asusta al ver la pirueta culinaria y se pega una carcajada que asusta a la Dagoberta que escribía sus sueños en un diario especial, me río de los hechos y le sirvo a ella y a don Bruno que me agradece el desayuno.

- Amore mío, ya está el desayuno, vamos a comer. ¿Te parece?
Y bostezando te estiras con una ternura que solo vos sabes dar, vas abriendo lento los ojos que brillan y nacen en tu satisfactorio descanso y me abrazas fuerte, sonreis y tus cachetes se enrojecen. Vamos, me decis risueña. ¿Qué es? - Me preguntas curiosa
- Panqueques, como te gustan. - Te contesto alegre.

En la tarde vamos donde tus padres, Don Bruno nos va a llevar. Fíjate que tuve un sueño raro, era como una escena donde los hechos se repetían, así como un ciclo más o menos. Tenía  calor, hambre y así iba repitiéndose siempre. ¿Qué puede significar eso Moisés? Me pareció escuchar a la Dagoberta en la mañana. Si, vos sabes que ella es toda alborotada y le gusta llegar a nuestro cuarto a despertarnos. Me voy a bañar, veo que estás listo, que rápido. Mas o menos, ¿Qué podría decir? - Le dije riéndome.

En la calle de la avenida mayor hay unos niños limpiando los vidrios de los carros que pasan, los vemos e ignoramos su miseria como si aceptaramos que no podemos hacer nada, en la próxima vía don Bruno vira a la izquierda y cruza una calle que da apertura a la rotonda del trompo, derecho por el boulevard hay un parque bonito con una vista bella del atardecer, ahí están tus padres Yara, ahí amore,  ¿Ya los viste? Nos acercamos y saludamos con ganas, hablamos de los proyectos y de los viajes de este año. ¿Y si vamos al teatro? - Comenta doña Verónica. Vamos pues le digo yo, pero vos Yara, le quedas viendo como si disgustada estuvieras, en silencio tu papá te observa y quiere reír, pasan tres segundos y le decis que si, tu papá se carcajea,  vamos todos pues, don Nelson nos lleva. Que obra más buena, al final el diseñador le vende su clarinete al niño ciego, ¡Estafa! Ay, a don Nelson le pareció una estafa, nos vamos a cenar al restaurante Polidor y un gordo nos atiende, fue interesante ver que él era también dueño del local, le pedimos el plato favorito del chef y  nos ofrece un vino de cacao hecho en el mediterráneo, le pedimos unos diez rollos de sushi mientras conversamos sobre nuestros proyectos al retorno de nuestro viaje; mesero, mesero, venga y nos trae agua por favor, estoy sediento. Yara recorda llevarle el estuche a mi primo cuando lleguen a Pinar del Río. Bueno papá, no se me olvida. Bueno, ¿Y ustedes se van a casar? Miro a la Yara y me pongo a pensar sobre que responder... Ah, el mesero está cerca, que suerte... Vaya, se está cayendo,  esto ocasionará un terremoto. ¡El tarro de agua! Va encima mio, me voy a mojar, oh no.

... ¿¿?? ...

Estoy en un rincón, que calor, tengo hambre; ¿Qué estoy haciendo aquí?

- ¡Te encontré! Tenía mucho tiempo buscándote, que buen escondite este rincón.
- Me dormí.
- ¿Qué?
- Natalia, ¿qué hora es? - Pregunté todo desubicado.
- Temprano, recorda que quedaste de ir donde la Yara a las once.

Resulta que a veces los sueños me engañan.

jueves, 4 de mayo de 2017

Psicopatía

Cada vez que me acerco a un espejo me siento contento, es en ese preciso momento donde mis ojos se encuentran con mi alma, el reflejo exacto de mis emociones y mis sentimientos; la noche cae con una fuerza increíble, y mis ganas de hacer algo excitante crecen de mismo modo.

Viernes por la noche, monólogo habitual, encuentro de mi persona con mi amiga la consciencia, ¿Me siento? - Claro, ¿Querés vino?- Si, gracias muy amable. El mismo ritual, es satisfactorio; me acordé de algo, sabes, mañana me toca ir al dojo, ¿Me acompañas? Managua tiene un aire que me envicia, con mi amada consciencia disponemos de una caminata que afloja mínimo dos horas de placer, ahí cerca de la Vicky  pasan los muchachos de la vida transeúnte, entonces el acercamiento es fácil y como una dama bella e inteligente las palabras adecuadas facilitan el envolvimiento de nuestro nuevo juguete, ¿Verdad qué sí amada Consciencia mía? ¿Verdad qué sí? A ver, a ver, ¿Qué tenemos aquí? Siguiente paso; aletarguemos el proceso, disfrutemos la vida, al menos la que le sobra. (Risa sabrosa).

- Buenas noches.
- Hola, buenas noches. ¿Vos sos por casualidad el muchacho con el cual me iba a encontrar? 
- Eso depende de vos.

Pequeño detalle que aflora y que mis ojos perciben, su nombre en su carné colgado sobre sus voluminosos pechos.

- Vaya, que suerte tengo, por el momento todo apunta a que la noche con vos se vuelve intrigante. - Expresó con una perspicacia inocente.
- Celia, me gusta caminar sabes, así, antes de aventurarme en tragos que conducen a mi cuarto, puedo conocerte y determinar si realmente mereces una aventura sexual conmigo. 
- El sarcasmo es lo tuyo... Discúlpame, y... ¿Cómo te llamas?
- En el camino te lo digo.

Paseamos por la larga calle que destina la entrada al hostal que se sitúa frente a la iglesia San Agustín, mano derecha, mano izquierda, mano derecha, una escalera que tambalea sus piernas y endurecen las mías, mira, ahí esta el parque de los robles, con este clima fresco sería un fracaso no obtener de su parte una conversación envolvente, le damos vuelta a la redonda al parque, pasamos por un charco, le doy mi mano con el fin de que se sujete y evite pasar por el charco que impide nuestro paso, me mira con un cariño curioso que me obliga a imitar el ángulo de sus ojos, hablamos de literatura, de la emoción que el arte esconde, los enigmas de la historia nacional, conflictos bélicos, y temas que encarrilan a las personas a sentir eso que yo llamo apego, vos lo conoces como confianza, proximidad quizá sea mas benevolente. Nos damos un tiempo y nos sentamos en una banca que da vista a la calle, me toma de la mano y me entera de sus hechos personales, la miro y le tomo fuerte la derecha, y asisto de manera que parezca que a pesar de mi silencio yo la puedo comprender, un juego tierno que destila emociones, sesiones de conductas que se mezclan en un río que desemboca en mis fines, delicia, belleza, felicidad. La llevo a mi casa, la meto a mi cuarto, le hago besarme con desenfreno, así el tacto se desinhibe de manera que el morbo cohibido emerge con fuerza y quema sus ganas, su boca que se entreabre en la ruta que mi mano cruelmente conoce y da paso a un desencadenante sexual ardiente, su boca besa mi boca con extrema suavidad, y en un baile lento pero sensual baja con seguridad a mi pene, de tal forma que se enloquece y me hace extasiarme; diversas posiciones, en distintos lugares, le pido un tiempo de dos minutos, voy a la cocina, tomo una copa, le sirvo whisky y mezclo un somnífero, le sirvo, la bestia incansable cesa su salvajismo y cede a mis brazos a medida que sus ojos se cierran. 

Querida Celia, estas en mi cama, abriste los ojos, que hermosos ojos tenes, tuve que poner un trapo en tu boca, disculpa, es que los gritos me incomodan, pero... ¿Estás cómoda? Escucha esa música, una bossa hermosa que tranquiliza nuestras almas, que hermosos tus senos, ay Celia; permiso, voy a la bodeguita a sacar unos guantes,unos bisturíes filosos y otras cosas filosas. La anatomía en su máximo esplendor, que hermosa la sangre que se derrama sobre tu pierna izquierda, mi mano da paso a una cisura limpia y fina, y el rojo brilla en mis ojos, esto es arte Celia, dan ganas de pintarlo para luego enseñártelo, a ver, Consciencia, ¿Te gusta esto? Tiene una piel suave y huele rico, probablemente el cuero nos sirva para lucirlo como protector de mi estuche de gafas. Celia, Celia... ¿Celia? Que lástima, que rápido moriste. Enciendo las luces, y en una emulsión casi artística, el tungsteno se muestra limpio con un azul mórbido, de esencia impecable, ay, esos tonos coloridos que nunca se marchitan en la memoria. Conecto la sierra y hago cortes limpios, me encargo de quitar manos y pies, detesto esas dos partes del cuerpo, son tan sucias y asquerosas, que hermosa Celia, sos hermosa, una obra de arte. Bueno, mucha diversión por hoy, mañana me encargo de tu piel y procedo a tirarte en pedacitos en el cauce de la Vicky, ja, que ironía, donde te hallé te dejo, respetuoso yo como siempre. 

- Viernes 19 de mayo del 2017

Los días tienen un sabor suave cuando la pasión no me posee, extraño a Celia. 

Espejo amigo mio, consciencia hermana mía, ¿Cuándo será el día que la soledad me deje libre? Rumbo a mi trabajo, me encargo de estudiar el caso de Celia que fue reportado hace cinco días, alguien al parecer encontró partes de su ya hermoso y difunto cuerpo. Que aburrido, pues, ¿Debería culparme yo mismo? Aquí el centro de investigación forense es un asco, pero con un perito convincente es más que suficiente para subirle los humos a estos inútiles policías. 

En la tarde me encontré con una muchacha llamada Nicole, me sorprende su pintura, me emociona pensarla en mi casa, hablando de su arte, de poesía, literatura, interesante. Procedo a acercarme con cautela y comienzo a insinuarme, como una serpiente que zigzaguea sobre el dorso de su presa, me envuelvo en su boca, en sus ojos, en su piel morena,  y lentamente nos encontramos juntos en la infinidad de la palabra, me entero de su capacidad, me asusta pensar que ella es como yo, vamos a su casa, me ofrece un trago de champagne y cierro los ojos. En un ávido instante lo niego, y ríe. La miro con certidumbre y me dispongo a reír de mismo modo. Buen intento, que bueno saber que la soledad se llama como vos.



domingo, 26 de febrero de 2017

Anécdota de vagos y un asesino (Memorias)

Ciertas experiencias demandan nuevas vivencias, enseñanzas justas pero no necesarias. La anécdota de un hombre que se empapa de miseria, muerto en vida bajo el presidio, esperando la paz que hace mucho se le fue. En la madrugada del siete de enero, un grupo de muchachos son detenidos a plena vía pública, puesto que fueron sorprendidos por consumo de alcohol y sustancias ilegales.

- Me lo merezco. - Me repetía constante en la cabeza
- Este es mi regalo de año nuevo, detenido en la estación junto a mis amigos y una muchacha que quiero y a duras penas me besa. Me lo merezco, es mas, deberían golpearme, agruparme con los delincuentes, que me escupan, pero que no me violen. *Monólogo de un ebrio.*

El reloj marca las dos de la madrugada, ella pega gritos como si la fueran a violar, cosa irónica a mi parecer, en las celdas de mujeres no había ningún transexual, aparte que las mujeres carecen de pene, esas mujeres se miraban pacificas. Por otra parte, nosotros excepto yo, con la cara agobiada y el arrepentimiento en alto; yo merecía estar ahí.

- ¡Ya hombre, guarda silencio chavala! - Expresó uno de los tantos policías. 

Entre risas y sonrisas, los policías nos miraban mientras uno de nosotros discutía, cabe señalar que yo estaba en un completo silencio, pero en mi mente las palabras sobraban; entonces entre ellos se burlaban de nuestro estado, como sea que se le pueda llamar, enllavados, drogados, ebrios, borrachos... ¿Cómo es posible que estos muchachos de "buena estirpe social" estén en esta estación? Son unos pendejos afresados. Yo no sé que se les pasó por esa cabeza de mierda, puros niños mimados; esposemos al negrito de pelo largo, ese andaba la marihuana. Feo les va ir, ¿Vos sabes por qué el hijo de un comisionado está con ellos? No me vas a creer, ese era el que andaba la marihuana y se la dio al otro. (Risas) ¡Que hijueputa mas vivo!

Pasa el tiempo, corre el reloj y los segundo pesan. Todos sentados en el pavimento cerca de la gran pared azul, nos ponen en pie, nos revisan mientras apoyamos las manos contra la pared y la lampara alumbra a cierta distancia nuestros rostros, nos requisan, toman nuestras pertenencias y nos mandan por suerte a una misma celda, excepto ella, que se quedó sola, que lástima. Dentro en la celda me quedé de pie observando el entorno, había una lampara que no brillaba mucho por fuera de las rejas, una sola lampara para las seis celdas, habían muchos zancudos, las camas eran de concretos, y hacia un calor insoportable, el baño era un letrina sucia y compartía el mismo espacio de aquello que podrías llamar ducha. Estaba muy elevado gracias a la marihuana, y ebrio a la vez gracias al alcohol, no pude más, y me dormí en el segundo piso de la cama. Me dice un hombre entre las sombras que apenas se podía ver, envuelto en unos harapos y unos periódicos.

- Si aquí no te cobijas bien, vas a salir con dengue.
- Te creo, le haces huevo para estar acostumbrado al ambiente. - Le respondí.
- La costumbre loco, vos sabes. 
- Buenas noches.
- Buenas madrugadas. - Finiquité. 

Ya eran como las cinco de la mañana aproximadamente, entonces abrí los ojos y logré percibir música, ¡Sí! Música en la cárcel; era un hombre que en la celda dos golpeaba la pared con ritmo mientras cantaba alabanzas sobre su fe, en ese momento no sé que era mas insoportable, si escucharlo cantar, o los piquetes en todo mi cuerpo, a fin de cuentas decidí que eran peor los piquetes, pues el tipo cantaba bastante entonado. Me levanto de la cama, y me pongo en pie junto a las rejas mientras veo a un hombre bastante flaco saludándome, le correspondo el saludo y le comienzo a preguntar sobre el porqué esta preso. Me dice que robaba a la gente, pero lo percibí algo fuera de sus cabales, pues llegué a esa conclusión puesto que en la celda donde él estaba se encontraba solo; de repente se escucha un crujido bastante sonoro, y se abre la puerta que da paso al punto de control de la cárcel, entra un policía con dos hombres y los mete a la celda donde estaba con mis estimados amigos y el tipo raro que aun seguía envuelto entre harapos y periódicos, no le importó al parecer la aparición del agente. Mis amigos introdujeron conversación con los tipos, entonces comienzan a contar que los detuvieron por posesión de marihuana, bastante marihuana, cosa graciosa; uno sale a la hora, mientras el otro comienza a contar que lo detuvieron recién terminaba de follar con una morena que según él estaba buena; pasa una hora y todos preocupados, el tipo faltante salió a las siete y media, rumbo a los juzgados, mientras uno de nosotros comienza a llorarle al policía que ingresó de nuevo para meter a un tipo que llegó borracho, cabe señalar que el agente lo ignoraba de una manera fatal. Me llamó la atención que cuando ya eran por alrededor de las ocho, el tipo raro se levanta, tenía la cara algo desfigurada, era de pequeña estatura, moreno y tenia uno que otro tatuaje mal hecho en el brazo izquierdo, o en el derecho quizá. Se levanta de su cama con dirección al recién ingresado y le comienza a decir que se levanté, que se diera un baño, era obvio que le pidiera eso, olía feo y estaba muy sucio. El tipo no acata la orden al momento, pero al rato se levanta y se baña, le sigue el tipo con la cicatriz y de golpe comienzan a interactuar entre ellos, a los minutos estábamos todos conversando con todos, pues la conversación era la mejor forma de no aburrirse en un lugar pequeño, y así pasamos. 

Miraba con constancia las paredes y me llamaba la atención muchas cosas escritas en ellas. Dibujos, frases motivacionales, signos sin sentidos, nombres; y como yo soy un hombre que se adapta al entorno, comencé a dibujar, a escribir frases no motivacionales, escribí el nombre de todas las mujeres que me han gustado pero nunca tuve algo con ellas y hasta escribí el mio para conmemorar mi visita a la estación uno, por otro lado mis otros compañeros de celda siguieron mis pasos, uno de ellos escribió las tablas de multiplicar, por si algún día alguien llega dispuesto a estudiar. El hombre raro con la cicatriz en la cara, se portaba amigable y nos dio su nombre, se llama Manuel. Nos regaló comida, nos dio bebida y yo se la acepte, me importó un bledo el asco, pues su humildad fue más grande que el asco que me pudo haber causado.

- Mucho gusto Manuel, y contános... ¿Como llegaste aquí?
- Es una historia bien larga chavalos.
- No importa, estoy seguro que todos querrán escucharte, a mi me interesa.
- Esto es algo que no me gusta contar, vos sabes, antes me traumaba pero ahora pues puedo vivir tranquilo. - Expresó con un tono melancólico.

"Todo empezó cuando yo conocí a una chavala, allá en la Concha, Carazo, yo tenía como unos 28 años y me había ido bien, no terminé la secundaria, pero como fui un maje trabajador, el dinero difícilmente me faltaba, pues había ido a trabajar a Costa Rica, y ahí vos sabes que los ticos pagan bien, mi familia siempre me había apoyado y nunca me faltó el cariño y el calor de ellos. A mi me gustaba la jaña, el problema con ella es que tenía a su ex que era bien chivo; entonces salíamos a comer para conocernos mejor, y ya al tercer la día la maje estaba socando, después de esa vez, pocas veces salíamos sin terminar cogiendo, me gustaba ella bastante, y así estuvimos pues... Pasó el tiempo y una vez yo estaba en la casa con mi roco, mi mama, y mis hermanos, estábamos celebrando el cumpleaños de mi papa, que ya estaba algo viejo y de repente me llama la chavala, le respondo y me viene diciendo que la acompañe a una fiesta que había en el pueblo, creo que era la boda de una jefa que ella tenía, la mujer tenía reales y entonces invitó a medio pueblo, y pues yo no quería ir la verdad, yo quería que ella estuviera conmigo, aquí en mi casa. En ese momento mi papa me dice: "Hijo, ¿Para donde vas? Sí aquí estas con tu familia, aquí estas bien, no salgas hombre, haceme caso" Y yo pues siempre le hacia caso pero me gano la brama, y la llame y le dije que me esperara en la plaza que estaba cerca del lugar donde ella estaba; me las tuve que ingeniar para salir de la casa, pues yo sabia que me iba a dilatar y le meto el cuento a mi hermano y a mi roca que iba por más guaro, y así fue, le metí labia y tomé camino. Voy por ella, y uy loco, caminada de perro la que me pegue. Se me había bajado el guaro que había tomado en la casa, con esa caminada toda mierda se bajaba. Me la afinco y le doy un abrazo, y nos vamos pues a la cosa esa de la fiesta, ya en la mera bailadera de repente veo a un maje que nos estaba choteando, y resulta que era uno de los amigos del ex de la chavala, yo me pongo chiva porque el maje tiene fama de que le gusta armar bochinche y yo la verdad soy tranquilo y no me gustan esas cosas, entonces le digo a la chavala que ya me voy, y en lo que estoy saliendo me topo al maje, y me comienza a torear, pero se pone con otros majes y yo le meto su cachimbazo, en la vergueadera de repente veo a unos majes que le van pasando un gran machete y yo me pego la corrida y me comienzan a seguir; yo iba corriendo con miedo la verdad, y me voy cansando y me detengo en un parquecito pero los majes me venían taloneando, así que me tocó enfrentarlos pues, pero para mi suerte ahí estaban unos majes pues que eras mis broderes y me ayudaron a cagar a los majes que venían detrás mio y de paso yo les pedí un machete para defenderme por si el hijueputa se dejaba venir, dicho y hecho mi hermano, llegó el hijueputa con el gran machete y nos agarramos, yo me iba capeando al suave las estiradas que el maje me lanzaba, pero en una me trompiezo y siento un ardor feiuco en la cara, me metió un machetazo el hijueputa y por eso es que tengo esta gran cicatriz fea en la cara, mira hermano, yo la verdad me hacía hombre muerto, pero me aventé y le tire la mano con el machetito que me dieron, pero el maje se capeo, ya casi al final de todo estábamos algo golpeados, pues nos habíamos alcanzado a dar unos cuantos aruños con el machete. Estábamos en un árbol y yo aprovecho a capearme los vergazos, pues es que en una de las tantas que le trate de dar mi machete  se partió y ahí si estaba en un estado crítico, el maje la caga y se resbala, se le cae el machete y yo pensando en agarrarlo lo dejé ahí y con mi medio machete le metí varios machetazos, como 30 tal vez, me sentía endiablado, pero de repente me sentía débil, mal, vos sabes, si andaba la cara partida, y andaba sangrando, entonces me fui a la casa y me ve mi hermano y el maje se agita y me dice que vayamos a verguear al hijueputa, pero él no se imagino que yo ya lo había matado y me llevan pues al hospital, mi mama y mi papa me estaban llorando, eso es lo último de lo que me acuerdo, porque después me la pase inconsciente como por dos días, entonces pasado tres días escucho una conversación de la enfermera hablando sobre mi caso y que me van a llevar a juicio después del alta, y me escapé, volví con la maje, pero ya no era lo mismo, la había cachimbeado porque se portaba en un plan mierda y la deje sola, pase trabajando en una carpintería y a los 7 meses la policía me agarro, y aquí estoy, yo estoy pagando mi error aquí chele por una mujer que no fue buena y por no hacerle caso a mi papa."

- Vaya. Clase historia loco. - Le respondí anonadado.

La verdad fue una historia triste, ¿Verdad? Vaya, estos pendejos se durmieron.

- Ya ahora estoy en lo que estoy. - Contestó triste. 
- ¿Y no sentís impulsos de violencia a veces? - Le pregunté curioso.
- La verdad no loco, yo no soy violento, pero esa vez si sentí que el diablo me poseyó.
- Creo que fue tu instinto de supervivencia, situaciones que demandan una respuesta que jamas esperarías dar. 
- ...
- Tranquilo sí.

Ya el sol estaba algo alto y supuse que daban las tres y media o cuatro, cuando repente escucho que abren las puertas y dicen mi nombre; mi acta de libertad ya estaba lista, y salí, no supe nada de ella, ni la he vuelto a ver. A los minutos salieron los demás, pero uno se quedó, me despedí de Manuel, le pedí sus datos pero lo único que me dio fue el recuerdo de escuchar a un hombre arrepentido de sus actos. Me despedí de todos la verdad y les agradecí la hospitalidad y la amabilidad, pues me habían regalado galletas y otras cosas; los únicos de los cuales no hice contacto fueron con los de la celda uno, donde todos eran maras, trataron de asustarme pero no cedí y me fui haciéndoles una broma. Me sentí nuevo al sentir que el sol me daba en la cara, y salí con la mente mas aterrizada, pues las condiciones y el trato humano desaparecen cuando estas preso, me sentí como un león en el zoológico, aparte que la policía se olvida que tratan con humanos, salí a comprarle comida al que se quedó y llegué a mi cama pensando en como escribir esto.

miércoles, 23 de noviembre de 2016

Incógnito#1

Ciertas noticias sugieren una posible lluvia de estrellas fugaces. ¿Estrellas fugaces? Tal vez sean cometas, o restos de meteoritos, o algún asteroide que se degrada. Por el momento, la incertidumbre es el hecho más convincente.

Michael me invitó para este sábado a una fiesta en su casa; su mamá me dijo que te preguntara sobre si es posible que le prestes dos de los tres sofás que tenemos, ¿Qué le digo?

- No hay problema, que los venga a traer cuando pueda, o bien, un día antes.
- Bueno. - Le respondí sin más.

Viernes 25 de Noviembre

El clima ha estado bastante suave, las conversaciones se tornan interesantes en cuanto la noche cae; estoy tomando notas, reportando sobre lo que pasó ayer  y lo que pasó hace un par de horas. La feria de sexualidad convenció al público, que se sorprendió por las inéditas publicaciones.

El teléfono suena, Gabriela se queja e Inés se impone en el silencio, y en el secreto de sus ojos se queda muda.

- ¿Qué pasó?
- Mañana es sábado.
- ¿Sí? No te creo. - Expresé sarcástico.
- ¿No me crees? - Comentó con un tono retador, típico de ella.

La quede viendo fijo a los ojos, pero no sólo miraba sus ojos, observaba con deleite su piel, el rojo marchito de su cabello y sus piernas largas. Perdido en el encanto de su furia que me causa nerviosismo y ansiedad. Inés por otro lado, sencilla, con la mirada precisa y las palabras inciertas, fijaba sus oídos en el pleito de nosotros, tan torpe y a la vez genial; paseaba su mano por el cuello y tomaba con delicadeza cierto mechón azul, hasta llegar a su ancha espalda. Estúpida miopía, estúpido astigmatismo, esas gafas inhibían el encanto de sus ojos, hermosos, grandes, sin palabras.

- Muchachas.
- ¿Sí? - Respondió Gabriela.
- ¿Me acompañan mañana a la fiesta de un amigo?
- Bueno.
- Inés, ¿Y vos?

No responde, me jode su silencio.

- ¿Inés? Le repetí un tanto alterado. - ¿Vamos?

Me queda viendo, sonríe un poco y me asienta con la cabeza de arriba para abajo, lento. Pero que necia.

7:36 P.M.

Me gustan tus piernas, me imagino dormido en ellas, despertándome solamente para besarlas, hasta llegar a tu boca, tus labios, tus ojos, la esencia que emana la dermis pálida, huele a sexo. En la noche me gusta irme con vos a posarme en el Lada del 2001, viejo, feo, bonito, y Bruno jodiendo. ¡Mira! Una estrella fugaz, ¿Pediste un deseo?

lunes, 4 de julio de 2016

Perspectiva #1

Ahora que todo se está empezando a poner como era antes, aburrido, rutinario...

Ya las cosas perdieron su gracia, pues no es lo mismo fumar, porque el desorden de ideas que giran en una misma proyección, no se visualizan de manera correcta sino mas bien se pronuncian abstracta y poco entendible. Ya no es divertido hacer ciertas cosas, porque me acostumbre a la novedad de tu no casual y sencilla forma de vivir y ser, que ahora que lo veo, siento que lo carezco en definitiva, al menos antes era más fácil, no te había quitado la paciencia como te la he quitado ahorita, y la verdad de todas las cosas que lamento, es ser un niño para vos.

Cuántas veces no quise ser un hombre tratando de que vieras que me esforzaba aunque nunca lo pareciera, es triste, tonto, y de verdad muy estúpida toda esta perra situación. Supongo que el lamento no puede repercutir en directo con la posibilidad de una resignación leal. Ahora que pienso de manera más libre, puedo entender que el exceso corrompe hasta los vientos mas limpios. Las personas se imponen por unidad para ver que tan listos son en un grupo que carece de una guía. El liderato del día a día, ver quien es el mejor, el mas aquí, el más allá, el más este... siempre limitándose, todo por no ver opciones que el camino y las probabilidades ofrecen.

¿A quien carajo le sirven tantos conocimientos si su compañero de ideales y promesas futuras se va y te deja en la salvaje duda de los hechos sin descifrar?

Te necesito, porque a tu lado me siento un hombre, porque a tu lado me siento el mejor, y no porque lo sea, sino porque conocerte es comprender lo que tus ojos liberan y tu boca calla. Y eso, comprender eso, me transforma y me abre los ojos a perspectivas que al lado de otro nunca hubiese podido llegar a conocer. Sos el color de la llamada experiencia, las madrugadas amargas de una falsa noche, el cansancio de la rutina y el acecho constante de una memoria pasada.

¿Ahora qué? Aprendo a ignorar.