martes, 8 de enero de 2019

Brújula (Luz)

Un día de estos que me puse a conversar con Eduardo, me acordé de cuando teníamos 21 años; recuerdo sus ojos apagados viéndome con inseguridad, y la verdad es que yo en ese entonces tampoco tenía noción de cómo llevar la situación, nunca esperé tener un bebé, en ese momento todo fue tan calmo y desastroso que me deje llevar por la certidumbre de que todo iba a estar bien, la tranquilidad de mi parte quizá no lo apoyó, y la verdad es que han pasado más de 3 años y aún no lo puedo entender; el quería un hijo, no podíamos siquiera mantenernos, no trabajabamos, no teníamos nada, pensar en tener un bebé era tonto, ¿Qué íbamos hacer? ¿Dejar la universidad? Aborté.

Recuerdo aquellos días donde estábamos juntos caminando por la noche, él siempre era distraído, pero en esos días lo miraba preocupado, pensando en un futuro que yo sabía que no podíamos tener, sin embargo, él decidió imaginar sabiendo que no era posible, y es que no estoy segura, ¿Habré sido egoista por no considerar siquiera la concepción? Había tanto en mi cabeza, teníamos problemas que luego se volvieron más difíciles de tratar, tenía miedo, tenía sentimientos encontrados con lo que mi vientre hospedaba, y él en parte se maravillaba con solo imaginar que podíamos tener una niña, no puedo mentir, en parte concordamos, pero yo tenía miedo. 

Fuimos a León por motivos académicos con Ernesto, Benavides y otros compañeros que para aquellos entonces consideramos amigos, tuve celos de Benavides, peleamos y discutimos bastante sobre ello, él tuvo celos de un muchacho llamado Marcelo, y fue tonto; bueno, tampoco fue inteligente tener celos de Benavides. Como sabíamos que yo estaba en cinta, teníamos sexo sin protección, y si que era buen sexo. Su cuerpo sudado sobre mi, los besos húmedos, el forcejeo constante de sus brazos que me sometían a una experiencia que es hoy en día sigo recordando y sigue calando mi memoria; el sexo era más que sexo con él, hacíamos el amor, un amor caliente, fuerte, que después se volvió un acto forzado, donde él ya no encontraba el mismo placer que yo en ese momento no perdí... Nuestra relación cada vez se volvía más difícil, yo lo amaba, y aun dudo en decirlo en pasado, porque sé que lo sigo que lo sigo queriendo, y es que él insiste e insiste en volver, pero tengo miedo; intentó ser infiel, fue posesivo y muchas veces no quise volver con él y una fuerza que aún no comprendo, me hacía volver, seguido de todas las promesas que me hacía y que no pudo cumplir  a totalidad; él siempre ha tenido esa naturaleza persistente, y yo espero ver esa intensidad en ámbitos positivos, y es que en parte lo aborrezco por todo lo malo, pero lo quiero por todo lo bueno, y al final, puedo sonreír recordando lo bueno, porque lo malo ya no cabe en mi corazón, y todo lo bueno siempre será luz.

Verónica es una mujer congruente y con mucha energía, bien podemos identificarla por su sencillez, y es que también es muy inteligente, siempre sabe responder, es una mujer que no para, siempre está adelante de los obstáculos; ella es arte, ella es luz, ella es el sol. Y aquí estoy, luchando contra los fantasmas de mi pasado que me atormentan y me recuerdan el mal que hice. Me pregunto si debo dejarla de buscar, y es que con cuestionarme me entra una vibra que me ataca y me dice que me aleje, pero es que de repente, solo recuerdo su cara, su sonrisa, esos ojos negros bonitos que me atrapan, y me envuelven en un haz de luz que me da fe, pero esa fe es parte de una doctrina egoísta o, ¿Es una sensación que comparto con ella? Y es que tanto me cuestiono, tanto te busco, que me da miedo pensar que te estás yendo, que me estás odiando, pero sabés, al final, sin importar lo que esté pasando entre vos y yo en este momento, tengo la total seguridad de que me queda una luz, y esa luz siempre va estar conmigo, con solo cerrar mis ojos, recordar tu sonrisa siempre me va a dar luz.














lunes, 7 de enero de 2019

Brújula (Ansiedad)

He aquí de nuevo con la mirada perdida, voy de la mano con la incertidumbre y la miseria de mis pensamientos, procesando el dolor como un todo que me hace sentir pequeño. Si fijo mis ojos adelante puedo ver el sol, soy capaz de apreciarlo sin quedarme ciego, y de repente como si de magia se tratase me surge una melancolía que me hace recordarte. Un sentimiento bonito y triste que de amarillo se vuelve  azul; tantas cosas quiero decir, y cuando puedo decirlas no me salen, siento tanto que me ahogo en mi sentir, a veces el recuerdo tiene pinta de fantasma, me gusta más como lo decís vos, "tiene la percha", suena tan a tu estilo, y pienso ¿De qué sirve que me guste tu estilo si eso no es suficiente para encontrarte? Y es que ya no me jacto de de mis sentimientos la verdad, están basados en ideales dañinos que ayer consideraba correctos; hoy solo me queda la memoria y todas las imágenes que guardé.

Estoy cansado de los abusos, y no lo digo porque hayan abusado de mí, sino porque yo he abusado de vos, porque el hombre como tal es un abusador de primera, es insoportable aguantar la realidad, el país es una basura, y es triste aceptarlo, pero mientras nuestra cultura no cambie ni respalde la importancia de la mujer, Nicaragua seguirá siendo basura; si me van a criticar por esto, adelante, pero en el fondo saben que tengo la razón, como hombre no me agrada pensar que tengo privilegios por encima de cualquier mujer, detesto escuchar a mi abuela decir que tengo que cogerme a muchas porque soy un macho, detesto tener que cargar con muchas culpas que pude evitar, y es que tampoco puedo echarle la culpa a mi familia por la clase de educación que me dieron, pero lo pude evitar, en lugar de luchar y salir adelante preferí echarle la culpa al gobierno, cuando dije que me cansé, no era más que una expresión egoísta que tenía que acomodarse en tu paz a la fuerza, verte tirada en el piso llorando cuando pude evitarlo es otra de las culpas que me persiguen y me condenan, y quizá en este momento te estés cuestionando el porqué escribo esto que ya sabés, y es que tampoco hará una diferencia contandolo otra vez, pero al menos lo puedo reconocer y puedo evitar hacer eso de nuevo, y vos dirás: "Pues si no lo vas hacer, no se lo harás a otra persona porque yo ya no quiero volver con vos", entonces me voy a detener y me voy a quedar en silencio pensando inútilmente en cómo olvidarte, no deseo pasar encima de nadie más otra vez. Mi dolor en comparación al tuyo es una tontería, sos fuerte para aguantar a semejante idiota, y aun la palabra me queda corta. 

Ansiedad es la palabra, respirar es la acción que lo identifica, cada momento triste se va convertir en una burbuja que explotará en tu nariz, y que luego te hará sonreír, no hay tristeza que tu sonrisa no pueda curar, ni mal que dure toda una vida.

Y así vamos, de memoria en memoria, pensando en las maneras de pedir disculpas, sentando en un sillón imaginando escenas bonitas mientras las horas me amenazan. Pienso más de lo que debo, y ya la realidad me está absorbiendo otra vez; Echevarría aquí, Echevarría allá, mi jefe piensa que  tiene toda la potestad de mi persona, y yo estoy empezando a hartarme; cuando estoy almorzando de repente aparece Nelson y me comenta sobre la crisis del país, mientras expresa su infelicidad sobre trabajar en la fábrica, cada palabra le sale como humo apestoso, no porque no se lave la boca, si no porque es la misma mierda que ya no quisiera escuchar, estoy cansado y solo quisiera suicidarme la verdad, lo único que me mantiene vivo es la esperanza de irme a buscar a Verónica y salir a darle la vuelta al mundo, bueno, es fantasioso y puede sonar a mentira pero no lo es; también estoy cansado de las drogas, decidí entonces solo hacer presencia con mis amigos drogadictos y alcohólicos en sus disques reuniones que parecen más bien un encuentro de ratas inmundas e infelices, inclusive me he cuestionado sobre si debería seguir en ese circulo, pero por el momento prefiero abstenerme de las drogas. El tema que me arranca la cabeza es el tema más cliché de todos los temas que pueden existir en este planeta, y resulta que con solo meditarlo comienzo a retorcerme... ¿Sigo siendo correspondido o no? (Es necesario especificar que Verónica dijo que ya no, pero yo siento que sí). Y me lo cuestiono porque es un tema que tiene percha de mantener vigencia solo en mi cabeza y ya no más en la suya, porque al paso que  voy, estaré solo e infeliz. Bueno, por el momento no puedo seguir pensando en vos, pero quiero dejar en claro que te quiero y que voy a proseguir siendo un personaje regular más de este intento de novela. (No me olvidés, yo sé que aún podemos sacarle fuego a esa chispa que vos y yo tenemos). 

- A veces cuando miro a Eduardo pienso que está pensando de manera muy profunda, sabés. 
- Pues naturalmente él es así. - Afirma Ernesto. - Además, verlo así a como está, para mí es un sinónimo de felicidad, pensar es lo mejor de ser humanos, y más cuando se piensa para bien.
- No estoy seguro de poder estar de acuerdo con vos en totalidad. - Expresa dudando Nelson.
- Hay que tener en cuenta que el pensamiento tiende a forjar una naturaleza obsesiva, y se forma un bucle, entonces, a partir de la concepción del ciclo, también emerge una manera a forma de llave que permite encontrar la solución del conflicto, podríamos afirmar que el bucle es un conflicto.
- Puede ser que sí, mientras tanto prefiero pensar que está planeando algo realmente bueno.

Nelson nunca está de acuerdo conmigo y Eduardo  siempre está en una lucha en la que no quisiera estar, bueno, cada quien vive como le plazca, y muere como desea. 

martes, 26 de junio de 2018

Brújula (Descanso)

El vaivén estrepitoso de los eventos que surgen sin espera, la lucha de ideales que forcejean entre sí para ver cual es más fuerte. La otra vez caminando por la calle, encontré a dos hombres que se miraban con fijeza el uno al otro, al parecer en el silencio se quedaron pensando sobre si era necesario armar un escándalo en vía pública, dos pares de ojos retadores que no tenían en cuenta las consecuencias, seducidos por la ira que emancipaban en la sombra pacífica del árbol que guardaba sus cuerpos. Dos personas que viajan y buscan destinos diferentes, un camino que conduce al lugar donde los hechos dejan de ser evidentes, donde las mentiras se vuelven una necesidad que colinda parte por parte en un agujero donde el sonido y la realidad no tienen presencia, ¿Un vacío? 

Estamos en un punto donde las dudas inhiben el deseo de indagar y buscar lo que nos vuelve impotentes; pero, ¿Para qué volvernos así? Echevarría aquí, Echevarría allá, me tiene hasta la coronilla tener que escuchar la voz de mi jefe llamándome por mi apellido, de ver su actitud pedante por tener la concesión de mi persona en una compañía donde su superior se coge a su esposa. No me interesa tener un ascenso, no me importa siquiera averiguar el porqué su mujer no le parece suficiente tener sexo con él... Aquí entras vos. Entras como una bomba en mi cabeza el día aquel que vi con disimulo en tu cama tu cuerpo desnudo frente al espejo; tu espalda recia y partida por los extremos de tus brazos, esas curvas preciosas que forman tus caderas y se ensanchan en tu vientre; qué coqueta mujer, tus nalgas respingadas forman un ángulo que luce candente con las sombras de tus senos que caen en tu vientre, andas dando vueltas, te pones un short y lo subís por tus piernas suaves, y con mucho cuidado lo ajustas a pesar de no tener la medida precisa de tu cuerpo. Te volvés de pronto hacía el espejo y te quedas absorta, en voz alta exclamas tu inconformidad mientras pensás que estoy ajeno a tu atención. Qué grandiosa sos, ahora me vuelvo en mi realidad y te imagino como si estuvieses aquí; será irónico quizá, pues no te he perdido, pero tampoco te he encontrado.

Cuando estoy en mi cuarto puedo pensar en las diferentes situaciones que pasaron en el día; el solo hecho de estar en permanente reposo me hace sentir un tipo de paz que yo aprecio demasiado. Tomar el teléfono y disponerme a ver cualquier publicación graciosa que me brinde una carcajada, me parece reconfortante y placentero, quizá sea algo aburrido si se le aprecia en totalidad; y, aunque yo tenga la misma certeza, prefiero obviarla e ignorar toda cualidad y descripción negativa de la misma.

- Domingo 19 de abril del 2015.

- No estoy de acuerdo con las reformas que le harán al reglamento, por el motivo de que en la sección 93, del articulo 9, establece que tenemos la seguridad de contar con el apoyo financiero de la empresa en caso de cualquier tipo de accidente o necesidad, estén o no relacionado con el ambiente laboral. Me parece inaceptable, ni siquiera se consensuó con los trabajadores en sí, fue una decisión tomada en base del criterio de los jefes; ello no tienen conciencia ni manejan la realidad social de nosotros los obreros.

- Eso lo sé muy bien.
- Claro que usted lo sabe muy bien, haga algo al respecto.
- No creo la verdad.
- ¿Qué? ¿Cómo así que no cree? ¿Qué está tratando de decir?
- No me obligués a ser crudo, no es mi estilo.
- Usted tiene la suficiente autoridad y potestad para impedir, o al menos intervenir en un replanteamiento de la reforma que excluya el corte de nuestros beneficios; de eso nosotros salimos de la miseria prácticamente. Los salarios no alcanzan para vivir y hay muchas bocas que alimentar. Recuerde que usted también estuvo en mi posición por un tiempo, quizá hasta peor, por favor, le ruego que no olvide sus raíces.
- Usted tiene un toque bastante agraciado en sus palabras, es increíble pensar que usted es parte de la sociedad obrera como tal. La educación es el toque de distinción entre la gente, y eso usted con toda seguridad lo sabe. Me gustaría ayudarle, pero mi intervención a como usted lo piensa, cuesta mucho; un mucho que no estoy dispuesto a perder, inclusive negociar. Le insto a que siga trabajando con nosotros y que con su gran ingenio disponga a encontrar mejores  formas de sobrevivir con lo que le pagamos y que entienda de una vez por todas que su opinión no es de importante relevancia, retírese y déjeme seguir trabajando, pase un buen día joven.

Vaya, al parecer el jefe sabe algo más que solo dar órdenes, y yo pensando que era un inútil y aprovechado bien pagado. La manera en la que se trata a los obreros es deplorable por esa y varias razones más que no estoy dispuesto a explicar. Menos mal que estudié, soy un tipo de miserable con mejores oportunidades; espero de corazón que la situación cambie para Ernesto y todos los abusados. Me voy a limitar a comprender, aunque quisiera tener las facultades de hacer algo al respecto.

Y otra vez, aquí en el mismo bar. Ernesto tomando porque le van a dejar de dar beneficios por cada accidente que él mismo con su novia planeaba, luchando con cinismo con otro aún más corrupto, por un dinero que pagaba sus fiestas y locuras, lo bueno es que aún sigue en la lucha de terminar su tesis, graduarse sería un plus enorme, aunque él no lo vea así. Vivan los alucinógenos, viva el alcohol y todo aquello que nos hace bien y mal. La vida se nos hace interesante cuando estamos en la vagancia, sentir en la piel un frío que abraza y captura una esencia que en la sobriedad no se puede sentir. Viva, viva. En la empresa se hicieron unos cambios estúpidos, probablemente perdimos esos ingresos que cubrían estas salidas, ¿Sabés? No estamos tan mal después de todo, me voy a empezar a enfocar en la culminación de estudios y buscaré algún puesto en cualquier institución que demande mis conocimientos; un par de estudios demográficos, un ensayo sobre cierta comunidad. ¿Qué tan difícil puede ser? Ah, pero claro, con un porro en la mañana y el día empieza de maravilla, a veces se hace complejo volver a casa, me han cerrado la puerta y he tenido que ingeniármelas para entrar sin que mis padres se den cuenta, y eso si tengo suerte. Hay días que he tenido que hospedarme en el techo o en una banca de cualquier parque con los muchachos que andan en el mismo desvergue que nos gusta y complace. Mañana es un día cansado, quizá Nelson se apunta y vamos a la cueva a echarnos un par de litros.

Una y otra vez, un poco más que ayer, un truco, una vuelta, y aun puedo vivir. Sí, aún puedo vivir pretendiendo no sentir que me pierdo más de lo que me encuentro.

sábado, 3 de marzo de 2018

Brújula (Ruidos)

Visitar un lugar y considerar si es apropiado para el ocio es una tarea venerable que incita a valorar la calidad de la estancia y las futuras posibilidades de una visita próxima. Quedarse inmerso en un ambiente como si lo único que me queda es verme en el silencio de mi introspección; llegar al bar y encontrarme con los muchachos es mucho más cómodo que llegar al bar con el ideal de tomar, ¿Acaso la invención de los bares fue diseñada para llegar a embriagarse? 

- No sé vos, pero me parece una casualidad venir y encontrarme con las mismas almas en penas, a fin de cuentas a eso se reducen ustedes, ¿No? - Susurro en su oído.
- Es grato al menos saber que en tu vulgaridad guardas un poco de disimulo.
- Bueno, es lo que alguien de tu calibre merece para no ser etiquetado públicamente.
- Yo también te quiero.
- ¿Hipocresía? 
- Le diría honestidad amigo mío.

Ir de regreso a la casa, pensar en lo que pasó me hace sentir perplejo mientras Ernesto relata su día a día; un hospedaje en el parque, el alcohol nos toca y nos golpea como si se tratase de la brusquedad de un policía pedante en busca de un respeto que nos genera gracia. Ahora bien, ¿Cuál es la gracia de tu experiencia? Llegar de madrugada con los ojos hinchados mientras tu integridad se basa en la comicidad de las escenas que en un momento fueron gratas, como una vulgar tragicomedia que te hace llorar en la soledad de tus aposentos. Ernesto, estudiante de sociología que cursa el último año de su carrera, estudia para su gusto y trabaja para comer. Muchacho de calle, hombre de ingenios, qué andás pensando cuando me ves y sonreís como si la vida fuese un respiro, decí mi nombre, decí como me llamo; entonces te quedas absorto mientras ignoras lo que te pasa, viendo como si nada te importase el azul del cielo que te envuelve en las nubes. Qué pacífico sonreír cuando en tu cara la sonrisa se pinta falsa. Qué bonito conversar con vos que andas ebrio. Ebrio por la sobriedad absurda que vos mismo consideras la mejor. Llegamos a la plaza Fonseca y con un cigarro en la derecha me mirás con una seriedad que me provoca reír, todo porque el humo te sofoca y te alivia una ansiedad que ni vos mismo conoces. ¿Escuchás eso? ¡Es Lucía! 
  
- ¡Epa! ¿Cómo están muchachos?
- Mejor que nunca. - Expreso con neutralidad
- Se nota.
- ¿Dónde vas?
- A trabajar... Es muy temprano como para estar en la plaza, ¿No creen?
- Pues sí... -Afirma Ernesto.
- Bueno, les dejo, no quiero ser irresponsable.
- Yo también me voy, necesito llegar antes de las nueve, no vaya a ser que me pongan de irresponsable. - Comento abiertamente.
- ¿Ya? - Pregunta Ernesto.
- Sí, te veo luego quizá, cuidate.
- Adiós muchachos.

Qué bonito el día que te calienta la piel y se asoma con ganas al cuerpo, como el impacto sonoro de una ola que toca una piedra costera. Llegar como un infante emocionado al momento de entrar a la ducha, me hace recordar emociones que afloran distintas y apreciables sensaciones que se esparcen por el placer de un momento que tiene la más mínima importancia; es irónico saber que es gustoso deleitarse del sofoque y el humedecimiento, sentir en la cabeza el agua que viaja por casi todos mis poros, bañarme y reírme por el buen ánimo que me causa me hace pensar que debo buscar viaje lo más pronto posible. Ropa íntima, calcetines, pantalón, desodorante, camisa, gorra, listo.

Caminar sin más por el anden que me lleva a la parada del bus y forzarme a seguir por el hecho de que necesito comer se me vuelve monótono, de hecho, una obligación que trastoca soez mis deseos de poder sentirme libre de trabajar donde hago lo que no me gusta. Me pagan poco y no me alcanza ni para consentirme. Llego a la industria y me encuentro con el supervisor de la maquinaria. ¡Echevarría! Señor, dígame. Necesito que vaya e inspeccione el sector 4b, uno de los procesadores está presentado un calentamiento anormal y me preocupa porque quizá afecte a la producción de hoy. Está bien, en cuanto evalúe la situación e identifique el problema le informo. Intrigante mi llegada al sector 4b a orillas de la apertura de la oficina de supervisión, por un pasadizo visual que permite ver el escritorio del supervisor, encuentro a doña Fátima (esposa del supervisor) en el mero ajetreo candente encima del Ingeniero Augusto Fiallos (miembro de la directiva de la industria), que sorpresa, eso me pasa por fijarme. El ventilador no es el problema, las válvulas están reguladas según la mecánica del sistema, hace el mismo ruido mierda que me enferma y contamina mi paciencia, de hecho, el visor de temperatura no se muestra alto, ¿Por qué carajos me mandó aquí? Caliente está su oficina... Vaya. Supongo que es mejor no entrometerse donde no se me ha llamado.
La cabina de las maquinarias están alegre cuando llego, los papeles contienen datos coloridos en referencia al informe semanal de rendimiento, las luces brillan con ganas, las engrapadoras muerden el papel y genera un sonido que relaja mi mente, al tac de mis dedos, compás de 6x8, percusiones graves de una madera fuerte, mi escritorio como tambor y  el pitido inconstante de la interfaz reguladora; bienvenidos a mi sala musical, donde el ruido no existe y las melodías persisten.

Llego a la parada de nuevo, con el caminar cansado y los ojos con ganas de caerse, el bus tiene un calor especial en las noches de las ocho, hay poca gente y los asientos que dan espacio a ventanas me llaman con cariño; el viento sopla en mi cara con una delicadeza que yo percibo precisa, veo la calle que se tiñe de luces amarillas y blancas, personas que caminan a rumbos insospechados y la parada que se asoma próxima a mi destino. Ahí va el señor Martínez bien alegre, a una cuadra de distancia puedo ser capaz de apreciar como su semblante emana una esencia que a veces envidio. La ignorancia de no visualizar las totalidades me hace sentir una enorme tristeza que se traduce a múltiples omisiones que no pienso detallar, entonces el calor mudo de mi cuarto me inunda y me lleva a un ruido fuerte y cruel que en la cama yo llamo silencio.

viernes, 23 de febrero de 2018

Brújula (Prólogo)

 En la búsqueda de horizontes nuevos, uno anda meditando sobre los pasos que a continuación se presentan, de vez en cuando caminamos en busca de una razón que sobrepase cualquier intento de vaguedad; caminar es una forma de vivir, así como quien por pereza decide omitir aspectos importantes de la vida o podría decirse que es uno de los tantos modos de proceder. Es intrigante identificar situaciones que ameriten  decirse riesgosas, no por el grado de dificultad, quizá en el peor de los casos peligrosidad, pero decime vos que caminás, ¿Es necesario siquiera al menos valorar los factores antes mencionado? Es muy frustrante (para mí) lidiar con los factores de riesgos con lo que respecta a investigar las vagancias que a diario y sin buscarlas se me presentan; la concepción de ciertas palabras que, moralmente son poco aceptadas me hacen pensar si lo que consideramos poco ético de verdad carece de moralidad. No puedo venir y decir que la moralidad colectiva me vale un pedazo de mierda, no es nada respetuoso ocupar palabras soeces para expresar un malestar que se presenta temporal. 

Calificaciones basadas en criterios que no son los míos, ¿Debería acaso importarme la opinión ajena si en el fondo de mi noción no me importa?  No hay conclusión en un asunto donde las definiciones nos limitan, moverse sin rumbo es una cualidad que requiere ciertas aseveraciones, (que no me importa no considerar) sin embargo, solo queda caminar, sin brújula, sin viento, solo yo y mis aciertos. 





sábado, 13 de enero de 2018

Bucle

En un rincón, apartado de sonidos inquietantes, me pongo a pensar sobre las condiciones de mi entorno, casi como si el cerebro procesara sus ideas en prioridades según lo que más le afecte al cuerpo; si que hace un calor exarcerbante, está horrible. Tengo hambre, me toca cocinar y espero hacerlo bien. ¿Dónde está la sal? Suave me voy dando una idea de donde estoy, en este diminuto mundo hay muchos rincones, para ser específico no podría determinar un número exacto de cuantos hay; no es importante el dato, que calor más feo, mi piel se inunda y brilla al ritmo de las gotas del sudor, respiro porque sino me ahogo y es feo porque el aire sale caliente; intento darme cuenta en que rincón estoy, tengo  calor y mucha hambre, me siento como en un escena paradójica, ¿Será que estoy soñando? Que calor más cruel, siento que me quemo y ya el hambre se me fue; definitivamente esto es un bucle estúpido.

Por fin, abro los ojos y te veo en el lado izquierdo de nuestra cama, el lado que más te gusta, dormida muy bien acurrucada en la almohada; que sueño más raro.

- ¡Dagoberta! Dejanos dormir por favor que aún seguimos acostado.
Mirada tenue e irritada de parte de ella
- ¡Bah! No me veas así, te lo pedí como un favor.
- Que inmunda tu vida, seguis ahí como si no tuvieras nada que hacer, sos un boludo de primera.
- Vos no sos mi mamá, no seas ridícula

Buscando baño en la mañana, Yara en la cama durmiendo de tal forma perfectamente envidiable, que sutil se nos vuelve el aprecio cuando nos detenemos a observar; preparo el desayuno mientras la Dagoberta busca conversar con don Bruno que está leyendo el periódico bien agusto. Hay harina para mezclar y hacer panqueques, una docena de huevos y un tarro de margarina artesanal, voy en busca de las porras, en una de ellas pongo agua, azúcar, canela y clavo de olor, la miel que la Yara le gusta; otra porra lleva margarina a fuego lento y vierto la mezcla preparada al centro de la porra. Don Bruno me mira fijo como preguntándose lo que hago, le sorprendo y le doy vuelta en el aire al panqueque que está en el fuego, se asusta al ver la pirueta culinaria y se pega una carcajada que asusta a la Dagoberta que escribía sus sueños en un diario especial, me río de los hechos y le sirvo a ella y a don Bruno que me agradece el desayuno.

- Amore mío, ya está el desayuno, vamos a comer. ¿Te parece?
Y bostezando te estiras con una ternura que solo vos sabes dar, vas abriendo lento los ojos que brillan y nacen en tu satisfactorio descanso y me abrazas fuerte, sonreis y tus cachetes se enrojecen. Vamos, me decis risueña. ¿Qué es? - Me preguntas curiosa
- Panqueques, como te gustan. - Te contesto alegre.

En la tarde vamos donde tus padres, Don Bruno nos va a llevar. Fíjate que tuve un sueño raro, era como una escena donde los hechos se repetían, así como un ciclo más o menos. Tenía  calor, hambre y así iba repitiéndose siempre. ¿Qué puede significar eso Moisés? Me pareció escuchar a la Dagoberta en la mañana. Si, vos sabes que ella es toda alborotada y le gusta llegar a nuestro cuarto a despertarnos. Me voy a bañar, veo que estás listo, que rápido. Mas o menos, ¿Qué podría decir? - Le dije riéndome.

En la calle de la avenida mayor hay unos niños limpiando los vidrios de los carros que pasan, los vemos e ignoramos su miseria como si aceptaramos que no podemos hacer nada, en la próxima vía don Bruno vira a la izquierda y cruza una calle que da apertura a la rotonda del trompo, derecho por el boulevard hay un parque bonito con una vista bella del atardecer, ahí están tus padres Yara, ahí amore,  ¿Ya los viste? Nos acercamos y saludamos con ganas, hablamos de los proyectos y de los viajes de este año. ¿Y si vamos al teatro? - Comenta doña Verónica. Vamos pues le digo yo, pero vos Yara, le quedas viendo como si disgustada estuvieras, en silencio tu papá te observa y quiere reír, pasan tres segundos y le decis que si, tu papá se carcajea,  vamos todos pues, don Nelson nos lleva. Que obra más buena, al final el diseñador le vende su clarinete al niño ciego, ¡Estafa! Ay, a don Nelson le pareció una estafa, nos vamos a cenar al restaurante Polidor y un gordo nos atiende, fue interesante ver que él era también dueño del local, le pedimos el plato favorito del chef y  nos ofrece un vino de cacao hecho en el mediterráneo, le pedimos unos diez rollos de sushi mientras conversamos sobre nuestros proyectos al retorno de nuestro viaje; mesero, mesero, venga y nos trae agua por favor, estoy sediento. Yara recorda llevarle el estuche a mi primo cuando lleguen a Pinar del Río. Bueno papá, no se me olvida. Bueno, ¿Y ustedes se van a casar? Miro a la Yara y me pongo a pensar sobre que responder... Ah, el mesero está cerca, que suerte... Vaya, se está cayendo,  esto ocasionará un terremoto. ¡El tarro de agua! Va encima mio, me voy a mojar, oh no.

... ¿¿?? ...

Estoy en un rincón, que calor, tengo hambre; ¿Qué estoy haciendo aquí?

- ¡Te encontré! Tenía mucho tiempo buscándote, que buen escondite este rincón.
- Me dormí.
- ¿Qué?
- Natalia, ¿qué hora es? - Pregunté todo desubicado.
- Temprano, recorda que quedaste de ir donde la Yara a las once.

Resulta que a veces los sueños me engañan.

jueves, 4 de mayo de 2017

Psicopatía

Cada vez que me acerco a un espejo me siento contento, es en ese preciso momento donde mis ojos se encuentran con mi alma, el reflejo exacto de mis emociones y mis sentimientos; la noche cae con una fuerza increíble, y mis ganas de hacer algo excitante crecen de mismo modo.

Viernes por la noche, monólogo habitual, encuentro de mi persona con mi amiga la consciencia, ¿Me siento? - Claro, ¿Querés vino?- Si, gracias muy amable. El mismo ritual, es satisfactorio; me acordé de algo, sabes, mañana me toca ir al dojo, ¿Me acompañas? Managua tiene un aire que me envicia, con mi amada consciencia disponemos de una caminata que afloja mínimo dos horas de placer, ahí cerca de la Vicky  pasan los muchachos de la vida transeúnte, entonces el acercamiento es fácil y como una dama bella e inteligente las palabras adecuadas facilitan el envolvimiento de nuestro nuevo juguete, ¿Verdad qué sí amada Consciencia mía? ¿Verdad qué sí? A ver, a ver, ¿Qué tenemos aquí? Siguiente paso; aletarguemos el proceso, disfrutemos la vida, al menos la que le sobra. (Risa sabrosa).

- Buenas noches.
- Hola, buenas noches. ¿Vos sos por casualidad el muchacho con el cual me iba a encontrar? 
- Eso depende de vos.

Pequeño detalle que aflora y que mis ojos perciben, su nombre en su carné colgado sobre sus voluminosos pechos.

- Vaya, que suerte tengo, por el momento todo apunta a que la noche con vos se vuelve intrigante. - Expresó con una perspicacia inocente.
- Celia, me gusta caminar sabes, así, antes de aventurarme en tragos que conducen a mi cuarto, puedo conocerte y determinar si realmente mereces una aventura sexual conmigo. 
- El sarcasmo es lo tuyo... Discúlpame, y... ¿Cómo te llamas?
- En el camino te lo digo.

Paseamos por la larga calle que destina la entrada al hostal que se sitúa frente a la iglesia San Agustín, mano derecha, mano izquierda, mano derecha, una escalera que tambalea sus piernas y endurecen las mías, mira, ahí esta el parque de los robles, con este clima fresco sería un fracaso no obtener de su parte una conversación envolvente, le damos vuelta a la redonda al parque, pasamos por un charco, le doy mi mano con el fin de que se sujete y evite pasar por el charco que impide nuestro paso, me mira con un cariño curioso que me obliga a imitar el ángulo de sus ojos, hablamos de literatura, de la emoción que el arte esconde, los enigmas de la historia nacional, conflictos bélicos, y temas que encarrilan a las personas a sentir eso que yo llamo apego, vos lo conoces como confianza, proximidad quizá sea mas benevolente. Nos damos un tiempo y nos sentamos en una banca que da vista a la calle, me toma de la mano y me entera de sus hechos personales, la miro y le tomo fuerte la derecha, y asisto de manera que parezca que a pesar de mi silencio yo la puedo comprender, un juego tierno que destila emociones, sesiones de conductas que se mezclan en un río que desemboca en mis fines, delicia, belleza, felicidad. La llevo a mi casa, la meto a mi cuarto, le hago besarme con desenfreno, así el tacto se desinhibe de manera que el morbo cohibido emerge con fuerza y quema sus ganas, su boca que se entreabre en la ruta que mi mano cruelmente conoce y da paso a un desencadenante sexual ardiente, su boca besa mi boca con extrema suavidad, y en un baile lento pero sensual baja con seguridad a mi pene, de tal forma que se enloquece y me hace extasiarme; diversas posiciones, en distintos lugares, le pido un tiempo de dos minutos, voy a la cocina, tomo una copa, le sirvo whisky y mezclo un somnífero, le sirvo, la bestia incansable cesa su salvajismo y cede a mis brazos a medida que sus ojos se cierran. 

Querida Celia, estas en mi cama, abriste los ojos, que hermosos ojos tenes, tuve que poner un trapo en tu boca, disculpa, es que los gritos me incomodan, pero... ¿Estás cómoda? Escucha esa música, una bossa hermosa que tranquiliza nuestras almas, que hermosos tus senos, ay Celia; permiso, voy a la bodeguita a sacar unos guantes,unos bisturíes filosos y otras cosas filosas. La anatomía en su máximo esplendor, que hermosa la sangre que se derrama sobre tu pierna izquierda, mi mano da paso a una cisura limpia y fina, y el rojo brilla en mis ojos, esto es arte Celia, dan ganas de pintarlo para luego enseñártelo, a ver, Consciencia, ¿Te gusta esto? Tiene una piel suave y huele rico, probablemente el cuero nos sirva para lucirlo como protector de mi estuche de gafas. Celia, Celia... ¿Celia? Que lástima, que rápido moriste. Enciendo las luces, y en una emulsión casi artística, el tungsteno se muestra limpio con un azul mórbido, de esencia impecable, ay, esos tonos coloridos que nunca se marchitan en la memoria. Conecto la sierra y hago cortes limpios, me encargo de quitar manos y pies, detesto esas dos partes del cuerpo, son tan sucias y asquerosas, que hermosa Celia, sos hermosa, una obra de arte. Bueno, mucha diversión por hoy, mañana me encargo de tu piel y procedo a tirarte en pedacitos en el cauce de la Vicky, ja, que ironía, donde te hallé te dejo, respetuoso yo como siempre. 

- Viernes 19 de mayo del 2017

Los días tienen un sabor suave cuando la pasión no me posee, extraño a Celia. 

Espejo amigo mio, consciencia hermana mía, ¿Cuándo será el día que la soledad me deje libre? Rumbo a mi trabajo, me encargo de estudiar el caso de Celia que fue reportado hace cinco días, alguien al parecer encontró partes de su ya hermoso y difunto cuerpo. Que aburrido, pues, ¿Debería culparme yo mismo? Aquí el centro de investigación forense es un asco, pero con un perito convincente es más que suficiente para subirle los humos a estos inútiles policías. 

En la tarde me encontré con una muchacha llamada Nicole, me sorprende su pintura, me emociona pensarla en mi casa, hablando de su arte, de poesía, literatura, interesante. Procedo a acercarme con cautela y comienzo a insinuarme, como una serpiente que zigzaguea sobre el dorso de su presa, me envuelvo en su boca, en sus ojos, en su piel morena,  y lentamente nos encontramos juntos en la infinidad de la palabra, me entero de su capacidad, me asusta pensar que ella es como yo, vamos a su casa, me ofrece un trago de champagne y cierro los ojos. En un ávido instante lo niego, y ríe. La miro con certidumbre y me dispongo a reír de mismo modo. Buen intento, que bueno saber que la soledad se llama como vos.