martes, 3 de marzo de 2020

Brújula (Extrañar)

Ya no sé lo que debería extrañar; un día de estos estuve pensando en varias cosas que me han tenido concentrado, una de ellas se trataba sobre mi propósito de vida, y con inquietud silenciosa caía en el mismo circulo de siempre, una intriga que quizá solo la gente con propósitos puede comprender. Me he estado apartando de lo usual, y he puesto en la mesa lo cotidiano como una hazaña, como si vivir fuese todo un reto que corre a lo largo de mis años, como una línea que va trazando un rumbo hacía delante, pero que al mismo tiempo no veo. Luego de haberme planteado esto, pensé sobre mi felicidad, luego me reí y concluí de manera pretenciosa que tengo una gran tendencia a ser y sonar egocéntrico, es mi especialidad, pero, no es una maldición, si lo viese como tal, estaría contradiciendome, y ese no es el punto. Quizá solo yo me entiendo.

Me encontré a una gatita en la calle, me llenó de bastante nostalgia porque se parecía bastante a una gata que mi mamá, una tía y yo, rescatamos hace mucho del techo de la casa, así que la llevé conmigo y nos fuimos en bus hasta la casa de mi abuela, pidiendo asilo mientras pensaba que hacer con ella, aunque al final, terminó quedándose conmigo. Eso me ha llenado de mucha felicidad, Dagoberta se llama; cuando la llamas por su nombre, ella te atiende de manera vaga y te queda viendo con los ojos bien abiertos mientras se retira a cualquier esquina a jugar, si ocupas las manos, ella te sigue, es como si para ella, los dedos tuvieran algún tipo de magnetismo que le es incapaz de ignorar. Me he sentido aliviado, tengo que admitirlo, la gata ha sido una muestra y un vestigio de que mi vida ha tomado un rumbo tranquilo, si me preguntás, no sé porque llego a esa apreciación, de igual manera, tampoco podría explicarlo aunque quisiese, por ejemplo, quiero explicarlo, pero no me sale, entonces me quedo tranquilo pensando que, quizá lo bonito, lo placentero, se encuentra en la incapacidad de no poder explicarlo, no porque no se pueda, sino porque no es tan necesario como uno cree, y me refiero a ciertas cosas, no a todo. Generalizar está muy mal.

Han pasado ocho meses desde Benavides se escapó, desde que yo me escapé también. Me he preguntado por Ernesto, me lo he imaginado en uno que otro bar, sentado en la barra con Nelson hablando sobre cualquier cosa de sus vidas.

Se nos acabó los días de vagancia, se nos acabó el dinero, y también se me escapó la voluntad de verles y estar con ellos. Me excluí con autoridad de sus vidas, me permití alejarme sintiendo que era lo correcto, y vaya, suave... hay cosas irónicas y contradictorias en mi memoria; Nelson y Ernesto habían tenido una riña innecesaria, entonces... Quizá estoy muy desorientado, quizá cada uno anda por su cuenta, con nuevos compañeros de charlas y cervezas, aunque quizá exista la posibilidad de que estén juntos y hayan resuelto esa situación. Vaya, cuando me planteo las cosas, me enllavo a tal punto que solo puedo sentirme cómodo cuando encuentro una solución gratificante en mi razonamiento. ¿Cómo le llamamos a eso? ¿Obstinación? ¿Ganas de joder?, me quedo con la segunda opción, pero sin ningún tipo de certeza que me respalde.

Benavides comenzó a formar parte de un club raro en Masaya, ahí cerca del parque central, del Palí a mano izquierda, hay una casa grande que hasta hace poco permanecía vacía, ahora es una casa club dirigida por unos muchachos de apellido Joestar. Sí, cuando me enteré de su apellido, lo primero que se me vino a la mente fue pensar en un manga, y me dije a mi mismo: "Sería un buen apellido para un hombre inglés fornido que luche contra un vampiro que en su adolescencia fue su hermano", quizá sería un excelente mangaka, si fuera japonés, todo sería mejor.

En fin, los Joestar eran muchachos ingleses que vivían en una casa en los límites de La Concordia, allá en Jinotega. Según lo que Benavides me contó, ellos vivían con sus padres ahí, pero después de un tiempo, sus padres decidieron irse a Perú; las razones son desconocidas hasta ahora. Los hermanos Joestar son amables, uno de ellos no habla mucho, y el otro al parecer se la pasa tocando la guitarra, desconozco de que viven. 

En Masaya, en la casa club, se reúnen todos los jueves a las 6 pm, y montan proyectos de limpiezas a lo largo de la ciudad, se dividen por brigadas y cada equipo asume un área que debe cubrir por 40 minutos, es algo así como un voluntariado, al menos a mí no me han dado ganas de integrarme. Hay personas que Benavides conoce que cuentan que los hermanos esconden algo, quizá algún secreto turbio que despierte el morbo y la codicia de las personas ambiciosas, otros consideran que tienen un espíritu humanista y que de vez en cuando, son hasta filántropos, otros piensan que son extranjeros hippies que fuman marihuana luego de terminar sus jornadas de limpieza, se desconoce si trabajan. Así que, si vas a pensar algo, pensá lo que querrás, a fin de cuentas, nadie sabe el propósito de estos muchachos; al menos yo opino que quizá lo más genial sería que dejaran de sacar suposiciones.

Los hermanos Joestar son bien conocidos en Masaya porque son los únicos que han logrado reunir a varios jóvenes a limpiar la ciudad, pero, quizá tienen éxito solo por ser extranjeros, quizá mucha gente asume, es más, asumo también que tienen dinero. ¿Quién no quiere ser amigo de alguien con poder? Pero, al mismo tiempo pienso que, sería mejor ser ese amigo con poder, y dentro de ese margen de tiempo, se me viene a la mente de que si tuviese poder, no me gustaría que me "quisieran" o me apreciaran por tener dinero. 

- ¡Eduardo!
- ¿Qué? - Me pregunto a mí mismo extrañado.
- Soy Jorge, te quería pedir un favor.
- Oye, hablas bien español. ¿Cómo sabés mi nombre?
- Benavides me lo dijo, ¿podrías ayudarme con un trabajo? Tendrás un sueldo.
- Pues, he estado viviendo de mi liquidación y de lo que mi abuela y mis padres me regalan, no me vendría mal. - Pensé. - ¿De qué trata? - Le dije sin pensarlo tanto.
- Necesito a una persona que se encargue de liderar un proyecto en Diriamba por 6 meses, y Benavides me dijo que vos tenés experiencia en el manejo industrial de producción en serie, trabajaste para los Fiallos en su fábrica de cables de cobres en Managua tengo entendido, el proyecto está dirigido al procesamiento de minerales para luego exportarlos a Perú.
- Vaya, suena interesante, me apunto.
- Perfecto, te veo mañana en la casa club a las 9 am.
- Está bien, gracias. - Concluyo con cortesía.
- Gracias a vos Eduardo.

El tipo se da la vuelta, y yo me quedo quieto despidiéndome, moviendo la mano de izquierda a derecha, mientras pensaba en lo rápido e inesperado que estoy a punto de conseguir empleo.

martes, 17 de diciembre de 2019

Brújula (Salida #1)

En la tarde, a eso como de las 05:40 pm, el sol se pone en uno de sus mejores ángulos. No te pega en la cara, no te calienta con intensidad y se vuelve melancólico, que curioso, a lo mejor el sol sabe que sus colores, provoca en nuestras mentes ese sentimiento, en compañía de la temperatura y otros elementos que no es necesario mencionar.

¿Por qué siempre me muevo a un recuerdo viejo? Ahora, me gustaría empezar a enfocarme en un mejor ambiente, hacer algo más bonito, algo más natural, donde pueda ver amplios paisajes, muchos árboles, y eso es lo que voy hacer.

Hace poco logré contactarme con una tía que trabaja como representante legal de una compañía guatemalteca, lo que hacen es trabajar con empresas de telecomunicaciones y hacer muestras de suelos en lugares que seleccionan con anticipación. Me ofrecieron ir a sacar una muestra de suelo hasta Rosita, el triángulo minero, accedí.

Camioneta roja, camino largo, once horas de viaje, vaya. De todos los viajes que he tenido, ese fue uno de los más largos y cansados que he logrado hasta ahora, recuerdo la carretera, y el amplio paisaje a los lados del camino, esa alegría rara de ir viajando y ver por la ventana como la tierra parece mecerse en los ojos con bastante velocidad. Recuerdo ese rigio constante por tomar las riendas del vehículo, esas ganas necias de tomar el volante y correr por las carreteras inconstantes. Primera hora, Managua caliente, calles planas y saturadas, y que curioso que, en sus límites, el paisaje sea más grato, ¿será porque no hay gente? Tercera hora, bien cerca de Boaco, colindando con Matagalpa, y que sorpresa más guapa ver como de lo plano uno pasa a la montaña, por ende, la vegetación y el clima te avisan de que has avanzado y como recompensa de ello, te ofrecen una vista magnifica y de las mejores que puedo apreciar. No recuerdo las otras horas, pero ya cerca de Waslala, la carretera iba tomando un rumbo más plano, y como era de noche, me limité a buscar solo el camino y llegar hasta el destino previsto.

No recuerdo con precisión si me hospedé en Siuna o Rosita, pero lo que sí recuerdo es un bus volcado a eso de las 12 am, con mucha gente envuelta en cobijas, suéteres y demás; verlos fue más como un recuerdo de que las cagadas siempre están presentes, y que, siempre es bueno estar al tanto de eso, vos sabés, siempre es bueno prever dentro de lo posible. Mujeres, niños, destinados a un viaje de más de 12 horas, partiendo de sus casas hacía la capital, y lo seguro es que, probablemente iban a buscar dinero, muchos de ellos en el negocio de la minería, de la agricultura quizá. Llegué a un hotel bastante grande, lujoso si lo comparo con la localidad, conste, no es mi intención llegar a sonar despectivo, pero así eran las cosas. En el segundo piso estaba mi cuarto, había un balcón que daba vista a una gasolinera, había muchos camiones, muchos furgones y un camino lodoso, un bar a la izquierda, alejado del panorama de mi vista y unas cuantas personas a eso de la 1 am, escuchando música, tomando alcohol, supongo, es lo más probable a mi parecer.

Luego de haber dormido, tomamos el rumbo a Rosita, y ahora que lo digo, recuerdo que el hotel estaba en Siuna, había gente a eso de las 9 am, en unos tumultos de tierra, con un montón de coladores grandes procesándola, y ese fue el primer vistazo que tuve de personas trabajando en la minería, quizá para ellos no era la gran cosa, sin embargo, a mí me llamó demasiado la atención. Recuerdo haber llegado a Rosita, mi compañero y yo buscábamos al hombre dueño de las tierras donde se iba a sacar la muestra de suelo. Rosita, tal como lo recuerdo, era un pueblo grande, activo, multicultural también, había palafitos inclusive, y eso que estaban a más de 150 kilómetros de la costa caribe. Lo primero que se me vino a la mente fue el hecho de suponer que, quizá alguna vez el agua del mar habría llegado hasta Rosita, el solo hecho de haber visto esas casas comunes en la costa, en un lugar alejado del agua, no pude evitar pensar en lo abominable que puede llegar a ser el océano.

Me tomé una cerveza y pues estaba sabrosa, recogimos al señor y nos fuimos a sus tierras, en un camino de 25 kilómetros, demoramos dos horas, entonces anduvimos por la trocha todo ese tiempo, y a la vez, el señor nos explicaba más o menos, de modo general como funciona el negocio de la minería, llegando a su finca, nos ofreció comida, en específico era arroz y frijoles, queso y tortilla; la materia prima de sus alimentos, fue cultivado, procesado, cosechado en su finca. Nos contaba que todos los días mantienen una rutina específica, a las 4:30 am despiertan, se bañan y comen, todo esto en 15 minutos para la 5 am, ahora se imaginaran a qué hora se despiertan las mujeres de esa finca, si son ellas las encargadas de los alimentos; luego de lo explicado, se van a los maizales, a las tierras de cultivos, y ahí, recogen la cosecha, claro, cuando la hay, sino, supongo que hacen otras tareas; mencionó también que ordeñan vacas y posterior a ello, procesan la leche, y ya se imaginarán el resto; dividían el consumo de la finca y lo separaban de la venta, y pues, lo irónico a mi parecer, era que, a pesar de vivir en lugar donde su fuerte es la minería, el señor y su familia, no tenían ningún negocio relacionado a ello.

Conviví con niños, y me senté a verlos jugar, me fijé bastante en sus interacciones y logré compararlo con los juegos de mis primos en Managua, el solo hecho de ver a esos niños sin celulares y cosas tecnológicas, me dejó una perspectiva sencilla; jugar siendo niños es igual de serio que tener experiencia laboral cuando sos un adulto que trabaja y necesita dinero, de modo que, en lo personal, asocié que, la tecnología quizá ha limitado las experiencias de los niños en Managua, que, a diferencia de los niños de la finca, ellos estaban llenándose de una forma que mis primos y demás niños de Managua, jamás iban a experimentar, y claro, si nos ponemos a verlo desde una forma más minuciosa, podría de manera atrevida decirte que hay un hueco académico en niños que viven en la ruralidad si los comparo con niños de la capital, pero, seamos francos, no necesito exponer aquí estadísticas ni sus fuentes para afirmar con vehemencia que la educación nicaragüense en general es una mierda, pero, sabés, no nos enfoquemos en ello, allá cada quien lo puede analizar e interpretar, de la forma que quiera y desee.

Y sabés, al fin me pude escapar, al menos por tres días de todo el ajetreo de la vida en Managua, se suponía que Benavides iba a ir conmigo, pero se perdió.

jueves, 10 de enero de 2019

Brújula (Neutro)

Ha pasado ya un tiempo desde que no me comunico con Ernesto, y es que extrañarlo es una opción que hace rato dejé de elegir; estaba cansada de sus costumbres y de su estilo de vida, cómo alguien tan inteligente no puede parar de hacerse mal, y es que es ridiculo porque él prefiere destruirse, ve la vida como si fuese un remolino que lo agita y lo golpea, y aún así prefiere seguir lastimándose, resulta que la situación hace mucho se le fue de las manos, aunque a veces tengo la certeza de que procede a consciencia, como si lo que buscase fuera morir y nada más. 

Me encuentro en un estado donde puedo sentirme mal y bien, donde puedo estar triste y a la vez sonreír, y es que no sé si soy tonta, pero ya no quiero sentirme mal, pero no sé cómo proceder cuando Nelson se me acerca, aunque sea para decirme cualquier pendejada o cualquier tipo de pregunta inofensiva, me pongo en un estado alerta donde él percibe que es un chance para pasar conmigo, y es que si bien sé que le gusto, y he dejado en claro que no me gusta, él está ahí, y es hasta cierto punto incómodo, pero a la vez satisfactorio. Entonces, ¿Cómo puedo caminar a su lado mientras Ernesto va con nosotros? Ernesto está ahí existiendo y es que solo lo veo y pienso en lo mucho que me repugna, y a la vez pienso que su actitud estúpida me atrae y me llama a besarlo, y me siento tonta, me siento estúpida porque no es normal estar pensando así, ¿O sí?

Voy caminando por la calle, la gente pasa a ritmo apresurado, el clima tiene una temperatura bastante agradable; ¡Mirá! Que lindos los pájaros, andan en grupo, volando al paso del viento que los mueve de forma artística, como si fueran cinceles que le dan forma al viento, una forma que solo ellos pueden ver, y es que me maravilla detenerme y ver a esas aves en el cielo. Los colores brillan y van de la mano con el ambiente. Los árboles lanzan sus hojas y éstas parecen hacer una danza frágil que se acoplan al silbido de los pájaros multicolores que posan en las ramas de unos almendros, frondosos eso árboles, grandes, esbeltos, parece como si fueran a moverse y a dejar semillas esparcidas por donde pasen, y es que me gustaría ver a los árboles moverse, me encanta la fantasía, me encanta imaginarme cualquier locura, pues eso me mantiene viva y exenta de toda pena, y es que si de penas hablamos, te soy sincera, no deseo saber nada de ellas; si te me acercas para contarme tus experiencias negativas, me voy a ir, o me haré la sorda, en mis oídos no entrará ningún tipo de palabra que exprese dolencia, abstenete, pues eso es lo mejor, ya verás que no me equivoco, porque hoy tengo toda la razón y nadie puede dudar de ello, nadie puede contradecirme. Hoy festejo la locura, hoy celebro el desorden, hoy soy libre, hoy puedo acostarme con cualquier muchacho que me guste, lo puedo besar, me lo puedo comer porque quiero, porque puedo, puedo tomar, puedo drogarme, hoy soy pecado y soy bendición, hoy tengo la potestad de vivir al ritmo de un son libertino, hoy no sufro, hoy no lloro, hoy soy lo que quiero ser, y soy todo lo que quiero, y hoy nadie ni nada podrá detenerme. Que te quede claro.

Ya el reloj va marcando las tres de la mañana, y Benavides terminó en la casa de un desconocido, donde todo apunta a que hizo y deshizo como ella lo había proclamado; Benavides, mujer de locura, hechizada por el afán de lo que considerás libertad, quién puede culparte de vivir a como lo decidís, si es lo que vos querés, limitarse es una opción que dejaste atrás, pero, de qué sirve alocarse una noche, si cuando despertés te vas a sentir irresponsable, y es que no te juzgo, porque yo he hecho lo mismo, y en este momento es cuando comienzo a pensar que se ya se vienen las dudas existenciales, y es que esa crisis es más mítica que cualquier leyenda urbana, porque al final, resulta que las crisis, nacen a costa de las necesidades que emergen forzosas en nuestras vidas, por ende, no son más que aquel terror que emana, al verse en la frustración de carecer de suficiente dinero.

Parece que estamos destinados a incursionar una y otra vez  en la compulsión de obtener bienes para sentirnos mejor, y es que tampoco es raro mencionar que no estamos convencidos en despojarnos del placer, a fin de cuenta, parece que vivimos a costa de sensaciones que cuando se acaban nos hace sentir mal, y es que me da rabia, todo mundo critica a las personas que consumen cualquier tipo de sustancias, pero no nos damos cuenta, que estamos tan perdidos como los drogadictos, y hasta este punto cualquier amante religioso pensaría algo como: 

"¿Y Dios, no crees acaso en él? Él es el único que nos conduce a la verdad, buscalo." 

Y no, tampoco puedo fiarme de la ficción, al final, la religión es una sustancia más, quien la consume se siente bien en cuanto más ingiere. No voy a seguir hablando de la religión, si bien tengo una posición rígida ante ello, considero ser lo bastante tolerante y respetuoso como para convivir con alguien ajeno a mis pensamientos.

Benavides, ¿A qué hora pensás despertar? 

Prrmmmm... Prrmmm....
- ¿Aló? - Responde con pesadez.
- Recordá que quedamos en algo, y ya casi van a ser las diez.
- ¿Con quién hablo? 
- ¿Es en serio? Soy Eduardo.
- ¡Eduardo! Disculpame, dejame alistarme, en treinta minutos te veo... ¿Dónde te veo? 
- En la plaza Fonseca, como siempre, no te tardés mucho, estoy evitando verme con Nelson y Ernesto.
- No te preocupes, ya llego... Por cierto, ¿Siguen creyendo que estoy en Inglaterra verdad? - Cuestiona como si estuviera tanteando.
- Supongo. - Afirma Eduardo con tono seco.
- Espero que sí, ya voy de salida.
- Está bien. 












miércoles, 9 de enero de 2019

Brújula (Tristeza)

- 03 de agosto de 2015

Ernesto sabe muy bien que a mi no me parece la manera en cómo procede con ciertos temas y situaciones, resulta que hoy es el cumpleaños de Eduardo y piensa que lo mejor es ir a embriagarnos, y es obvio que no es una buena idea; Eduardo ha estado distante y algo distraído, su semblante lo vende, es como si estuviera inmerso en   un mundo que no quiere aceptar. ¿Será eso acaso depresión o es nada más que tristeza? Y es que es complejo abordar el tema, todos sabemos el porqué anda así, pero tocar el tema es difícil por muchas razones; la primera razón vendría siendo la separación con Verónica, y es que me acuerdo que esos dos se querían de una manera que no era nada casual, siempre me pregunté cómo podían estar juntos, las veces que tuve el chance de conversar con Verónica, ella me había contado sobre muchos problemas que tenía con Eduardo, la constante inseguridad, sus peticiones (que a mi me parecían muy tontas) de terminar con él; y es que me parecían tontas porque ambos en sus diferencias salían adelante, y eso era lo más bonito de ambos, quebraban el estereotipo de aquel pensamiento que dice: "El agua y el aceite nunca van". Entonces me quedé pensando sobre ello y decidí hacer un pequeño experimento, tome agua y aceite, un poco de cada uno, lo vertí en un recipiente y el resultado fue bastante bonito a mi parecer, me quedé pensando unos cuantos segundos y concluí, de que si bien ambas sustancias no se mezclan, su combinación tampoco es desagradable; burbujas brillantes de color ámbar que se miraban bastante bien, entonces pensé que si Verónica fuese agua, y Eduardo aceite, ellos estarían bien... Vaya, me quedé demasiado tiempo pensando sobre ello; he entendido la posición de ambos, y de golpe cualquier persona le daría la razón a Verónica y asimilaría que la separación fue lo correcto, y hasta ese punto, también estoy de acuerdo, pero luego, ambos empezaron a comportarse raro, por una parte Eduardo se mostró apático por razones claras (según él), y ella por una parte le dolió ese proceder, entonces pensé que no estaban haciendo lo correcto, al cabo de tres meses ella optó por mostrar una actitud indiferente y él por intentar regresar. No conozco bien la historia, pero me parece que las  cosas no acaban ahí.

En fin, ¿Se supone que debería seguirle la corriente a Ernesto, o pensar en una mejor idea? Eduardo no ha superado a Verónica, se la pasa ensimismado, no se comunica, y todo parece apuntar a que tiene depresión. Verlo me da tristeza, intentar alegrarlo parece una tarea complicada, si  tan solo pudiera convencer a Verónica de que se reunieran, y es que con imaginarlo me da tristeza porque ella me va decir que no. Todo apunta a que vamos a terminar embriagandonos, claro, si es que Eduardo acepta. Me pregunto dónde estará Benavides, me encantaría verla, desde que se fue a Londres no he sabido mucho, ¿Será que venga pronto? 

- Nelson, entonces, ¿Vamos de una al bar a las 8?
- Pues para ser honesto no ando ganas y tampoco quisiera embriagarme.
- Puta, ¿Y es que vos tambien andas como Eduardo? - Pregunta Ernesto con tono desanimado.
- No es eso, es que no le veo la gracia de ir a tomar, bien podríamos comprar un pastel para Eduardo, tomar un poco de gaseosa, mirar una película, no sé, disfrutar en sano es una buena idea también. 
- Ernesto suspira. - Pues, no sé, suena aburrido.
- Todo lo que sea destrucción para vos es entretenido. Tenemos más de 24 años y aún seguís pensando como si tuviéramos 18, estoy cansado de tus salidas, son estúpidas y no ayudan a sentirnos mejor.
- ¿Para qué sentirse mejor si todo siempre está mal? Vamos a fumarnos este porro que hice mejor, relajate, no te alterés. 
- No hay caso con vos la verdad. Me voy.
- ¿Estás seguro?

Me fumé el porro con Ernesto y nos fuimos a buscar a Eduardo, en la entrada de su cuarto, había una nota que decía:

"Muchachos, me fuí a buscar un poco de satisfacción personal, podría ser felicidad, y la verdad es que quisiera sentirme en mis cabales para decir sin miedo y sin dudar que estoy apto para seguir perdiéndome en los vicios, pero he reflexionado lo suficiente como para decir no a todo aquello que a ustedes les gusta, no los culpo, cada quien vive a su manera y disfruta de lo que quiera, y es que ya no disfruto más de perderme, tengo muchas ganas de encontrarme. Espero que me entiendan; no vamos a dejar de ser amigos, pero no cuenten más conmigo para salidas y fiestas locas, espero que respeten mi decisión, los veré pronto, al menos eso espero."

- Te dije que no era buena idea irnos a tomar. - Expresé con disgusto.
- Ya sé que me lo dijiste, pero, ¿Qué más da? Si al final ni siquiera estaba en su cuarto.
- Pudimos haber previsto esto, pero bueno, ¿Sabés algo? A veces pienso que falta Benavides para entendernos mejor. - Afirma Nelson con tono neutral.
- Sé más honesto... Te falta Benavides para no sentirte una mierda. - Exclamó Ernesto molesto.
- Quizá... Al menos yo reconozco las cosas y no me escondo en el alcohol.
- Cierto, pero al menos yo no me escondo en la ex novia de mi amigo. Me la cogí tantas veces y fue siempre placentero, algo que vos solo en sueño has podido.

¡Pum! Un puñetazo en la cara, sangre en gotas y una amistad destruida, ¿Ego destruido? Humillación, apatía, y tristeza. Es un ciclo que tiende a repetirse más de lo que se tolera.










martes, 8 de enero de 2019

Brújula (Luz)

Un día de estos que me puse a conversar con Eduardo, me acordé de cuando teníamos 21 años; recuerdo sus ojos apagados viéndome con inseguridad, y la verdad es que yo en ese entonces tampoco tenía noción de cómo llevar la situación, nunca esperé tener un bebé, en ese momento todo fue tan calmo y desastroso que me deje llevar por la certidumbre de que todo iba a estar bien, la tranquilidad de mi parte quizá no lo apoyó, y la verdad es que han pasado más de 3 años y aún no lo puedo entender; el quería un hijo, no podíamos siquiera mantenernos, no trabajabamos, no teníamos nada, pensar en tener un bebé era tonto, ¿Qué íbamos hacer? ¿Dejar la universidad? Aborté.

Recuerdo aquellos días donde estábamos juntos caminando por la noche, él siempre era distraído, pero en esos días lo miraba preocupado, pensando en un futuro que yo sabía que no podíamos tener, sin embargo, él decidió imaginar sabiendo que no era posible, y es que no estoy segura, ¿Habré sido egoista por no considerar siquiera la concepción? Había tanto en mi cabeza, teníamos problemas que luego se volvieron más difíciles de tratar, tenía miedo, tenía sentimientos encontrados con lo que mi vientre hospedaba, y él en parte se maravillaba con solo imaginar que podíamos tener una niña, no puedo mentir, en parte concordamos, pero yo tenía miedo. 

Fuimos a León por motivos académicos con Ernesto, Benavides y otros compañeros que para aquellos entonces consideramos amigos, tuve celos de Benavides, peleamos y discutimos bastante sobre ello, él tuvo celos de un muchacho llamado Marcelo, y fue tonto; bueno, tampoco fue inteligente tener celos de Benavides. Como sabíamos que yo estaba en cinta, teníamos sexo sin protección, y si que era buen sexo. Su cuerpo sudado sobre mi, los besos húmedos, el forcejeo constante de sus brazos que me sometían a una experiencia que es hoy en día sigo recordando y sigue calando mi memoria; el sexo era más que sexo con él, hacíamos el amor, un amor caliente, fuerte, que después se volvió un acto forzado, donde él ya no encontraba el mismo placer que yo en ese momento no perdí... Nuestra relación cada vez se volvía más difícil, yo lo amaba, y aun dudo en decirlo en pasado, porque sé que lo sigo que lo sigo queriendo, y es que él insiste e insiste en volver, pero tengo miedo; intentó ser infiel, fue posesivo y muchas veces no quise volver con él y una fuerza que aún no comprendo, me hacía volver, seguido de todas las promesas que me hacía y que no pudo cumplir  a totalidad; él siempre ha tenido esa naturaleza persistente, y yo espero ver esa intensidad en ámbitos positivos, y es que en parte lo aborrezco por todo lo malo, pero lo quiero por todo lo bueno, y al final, puedo sonreír recordando lo bueno, porque lo malo ya no cabe en mi corazón, y todo lo bueno siempre será luz.

Verónica es una mujer congruente y con mucha energía, bien podemos identificarla por su sencillez, y es que también es muy inteligente, siempre sabe responder, es una mujer que no para, siempre está adelante de los obstáculos; ella es arte, ella es luz, ella es el sol. Y aquí estoy, luchando contra los fantasmas de mi pasado que me atormentan y me recuerdan el mal que hice. Me pregunto si debo dejarla de buscar, y es que con cuestionarme me entra una vibra que me ataca y me dice que me aleje, pero es que de repente, solo recuerdo su cara, su sonrisa, esos ojos negros bonitos que me atrapan, y me envuelven en un haz de luz que me da fe, pero esa fe es parte de una doctrina egoísta o, ¿Es una sensación que comparto con ella? Y es que tanto me cuestiono, tanto te busco, que me da miedo pensar que te estás yendo, que me estás odiando, pero sabés, al final, sin importar lo que esté pasando entre vos y yo en este momento, tengo la total seguridad de que me queda una luz, y esa luz siempre va estar conmigo, con solo cerrar mis ojos, recordar tu sonrisa siempre me va a dar luz.














lunes, 7 de enero de 2019

Brújula (Ansiedad)

He aquí de nuevo con la mirada perdida, voy de la mano con la incertidumbre y la miseria de mis pensamientos, procesando el dolor como un todo que me hace sentir pequeño. Si fijo mis ojos adelante puedo ver el sol, soy capaz de apreciarlo sin quedarme ciego, y de repente como si de magia se tratase me surge una melancolía que me hace recordarte. Un sentimiento bonito y triste que de amarillo se vuelve  azul; tantas cosas quiero decir, y cuando puedo decirlas no me salen, siento tanto que me ahogo en mi sentir, a veces el recuerdo tiene pinta de fantasma, me gusta más como lo decís vos, "tiene la percha", suena tan a tu estilo, y pienso ¿De qué sirve que me guste tu estilo si eso no es suficiente para encontrarte? Y es que ya no me jacto de de mis sentimientos la verdad, están basados en ideales dañinos que ayer consideraba correctos; hoy solo me queda la memoria y todas las imágenes que guardé.

Estoy cansado de los abusos, y no lo digo porque hayan abusado de mí, sino porque yo he abusado de vos, porque el hombre como tal es un abusador de primera, es insoportable aguantar la realidad, el país es una basura, y es triste aceptarlo, pero mientras nuestra cultura no cambie ni respalde la importancia de la mujer, Nicaragua seguirá siendo basura; si me van a criticar por esto, adelante, pero en el fondo saben que tengo la razón, como hombre no me agrada pensar que tengo privilegios por encima de cualquier mujer, detesto escuchar a mi abuela decir que tengo que cogerme a muchas porque soy un macho, detesto tener que cargar con muchas culpas que pude evitar, y es que tampoco puedo echarle la culpa a mi familia por la clase de educación que me dieron, pero lo pude evitar, en lugar de luchar y salir adelante preferí echarle la culpa al gobierno, cuando dije que me cansé, no era más que una expresión egoísta que tenía que acomodarse en tu paz a la fuerza, verte tirada en el piso llorando cuando pude evitarlo es otra de las culpas que me persiguen y me condenan, y quizá en este momento te estés cuestionando el porqué escribo esto que ya sabés, y es que tampoco hará una diferencia contandolo otra vez, pero al menos lo puedo reconocer y puedo evitar hacer eso de nuevo, y vos dirás: "Pues si no lo vas hacer, no se lo harás a otra persona porque yo ya no quiero volver con vos", entonces me voy a detener y me voy a quedar en silencio pensando inútilmente en cómo olvidarte, no deseo pasar encima de nadie más otra vez. Mi dolor en comparación al tuyo es una tontería, sos fuerte para aguantar a semejante idiota, y aun la palabra me queda corta. 

Ansiedad es la palabra, respirar es la acción que lo identifica, cada momento triste se va convertir en una burbuja que explotará en tu nariz, y que luego te hará sonreír, no hay tristeza que tu sonrisa no pueda curar, ni mal que dure toda una vida.

Y así vamos, de memoria en memoria, pensando en las maneras de pedir disculpas, sentando en un sillón imaginando escenas bonitas mientras las horas me amenazan. Pienso más de lo que debo, y ya la realidad me está absorbiendo otra vez; Echevarría aquí, Echevarría allá, mi jefe piensa que  tiene toda la potestad de mi persona, y yo estoy empezando a hartarme; cuando estoy almorzando de repente aparece Nelson y me comenta sobre la crisis del país, mientras expresa su infelicidad sobre trabajar en la fábrica, cada palabra le sale como humo apestoso, no porque no se lave la boca, si no porque es la misma mierda que ya no quisiera escuchar, estoy cansado y solo quisiera suicidarme la verdad, lo único que me mantiene vivo es la esperanza de irme a buscar a Verónica y salir a darle la vuelta al mundo, bueno, es fantasioso y puede sonar a mentira pero no lo es; también estoy cansado de las drogas, decidí entonces solo hacer presencia con mis amigos drogadictos y alcohólicos en sus disques reuniones que parecen más bien un encuentro de ratas inmundas e infelices, inclusive me he cuestionado sobre si debería seguir en ese circulo, pero por el momento prefiero abstenerme de las drogas. El tema que me arranca la cabeza es el tema más cliché de todos los temas que pueden existir en este planeta, y resulta que con solo meditarlo comienzo a retorcerme... ¿Sigo siendo correspondido o no? (Es necesario especificar que Verónica dijo que ya no, pero yo siento que sí). Y me lo cuestiono porque es un tema que tiene percha de mantener vigencia solo en mi cabeza y ya no más en la suya, porque al paso que  voy, estaré solo e infeliz. Bueno, por el momento no puedo seguir pensando en vos, pero quiero dejar en claro que te quiero y que voy a proseguir siendo un personaje regular más de este intento de novela. (No me olvidés, yo sé que aún podemos sacarle fuego a esa chispa que vos y yo tenemos). 

- A veces cuando miro a Eduardo pienso que está pensando de manera muy profunda, sabés. 
- Pues naturalmente él es así. - Afirma Ernesto. - Además, verlo así a como está, para mí es un sinónimo de felicidad, pensar es lo mejor de ser humanos, y más cuando se piensa para bien.
- No estoy seguro de poder estar de acuerdo con vos en totalidad. - Expresa dudando Nelson.
- Hay que tener en cuenta que el pensamiento tiende a forjar una naturaleza obsesiva, y se forma un bucle, entonces, a partir de la concepción del ciclo, también emerge una manera a forma de llave que permite encontrar la solución del conflicto, podríamos afirmar que el bucle es un conflicto.
- Puede ser que sí, mientras tanto prefiero pensar que está planeando algo realmente bueno.

Nelson nunca está de acuerdo conmigo y Eduardo  siempre está en una lucha en la que no quisiera estar, bueno, cada quien vive como le plazca, y muere como desea. 

martes, 26 de junio de 2018

Brújula (Descanso)

El vaivén estrepitoso de los eventos que surgen sin espera, la lucha de ideales que forcejean entre sí para ver cual es más fuerte. La otra vez caminando por la calle, encontré a dos hombres que se miraban con fijeza el uno al otro, al parecer en el silencio se quedaron pensando sobre si era necesario armar un escándalo en vía pública, dos pares de ojos retadores que no tenían en cuenta las consecuencias, seducidos por la ira que emancipaban en la sombra pacífica del árbol que guardaba sus cuerpos. Dos personas que viajan y buscan destinos diferentes, un camino que conduce al lugar donde los hechos dejan de ser evidentes, donde las mentiras se vuelven una necesidad que colinda parte por parte en un agujero donde el sonido y la realidad no tienen presencia, ¿Un vacío? 

Estamos en un punto donde las dudas inhiben el deseo de indagar y buscar lo que nos vuelve impotentes; pero, ¿Para qué volvernos así? Echevarría aquí, Echevarría allá, me tiene hasta la coronilla tener que escuchar la voz de mi jefe llamándome por mi apellido, de ver su actitud pedante por tener la concesión de mi persona en una compañía donde su superior se coge a su esposa. No me interesa tener un ascenso, no me importa siquiera averiguar el porqué su mujer no le parece suficiente tener sexo con él... Aquí entras vos. Entras como una bomba en mi cabeza el día aquel que vi con disimulo en tu cama tu cuerpo desnudo frente al espejo; tu espalda recia y partida por los extremos de tus brazos, esas curvas preciosas que forman tus caderas y se ensanchan en tu vientre; qué coqueta mujer, tus nalgas respingadas forman un ángulo que luce candente con las sombras de tus senos que caen en tu vientre, andas dando vueltas, te pones un short y lo subís por tus piernas suaves, y con mucho cuidado lo ajustas a pesar de no tener la medida precisa de tu cuerpo. Te volvés de pronto hacía el espejo y te quedas absorta, en voz alta exclamas tu inconformidad mientras pensás que estoy ajeno a tu atención. Qué grandiosa sos, ahora me vuelvo en mi realidad y te imagino como si estuvieses aquí; será irónico quizá, pues no te he perdido, pero tampoco te he encontrado.

Cuando estoy en mi cuarto puedo pensar en las diferentes situaciones que pasaron en el día; el solo hecho de estar en permanente reposo me hace sentir un tipo de paz que yo aprecio demasiado. Tomar el teléfono y disponerme a ver cualquier publicación graciosa que me brinde una carcajada, me parece reconfortante y placentero, quizá sea algo aburrido si se le aprecia en totalidad; y, aunque yo tenga la misma certeza, prefiero obviarla e ignorar toda cualidad y descripción negativa de la misma.

- Domingo 19 de abril del 2015.

- No estoy de acuerdo con las reformas que le harán al reglamento, por el motivo de que en la sección 93, del articulo 9, establece que tenemos la seguridad de contar con el apoyo financiero de la empresa en caso de cualquier tipo de accidente o necesidad, estén o no relacionado con el ambiente laboral. Me parece inaceptable, ni siquiera se consensuó con los trabajadores en sí, fue una decisión tomada en base del criterio de los jefes; ello no tienen conciencia ni manejan la realidad social de nosotros los obreros.

- Eso lo sé muy bien.
- Claro que usted lo sabe muy bien, haga algo al respecto.
- No creo la verdad.
- ¿Qué? ¿Cómo así que no cree? ¿Qué está tratando de decir?
- No me obligués a ser crudo, no es mi estilo.
- Usted tiene la suficiente autoridad y potestad para impedir, o al menos intervenir en un replanteamiento de la reforma que excluya el corte de nuestros beneficios; de eso nosotros salimos de la miseria prácticamente. Los salarios no alcanzan para vivir y hay muchas bocas que alimentar. Recuerde que usted también estuvo en mi posición por un tiempo, quizá hasta peor, por favor, le ruego que no olvide sus raíces.
- Usted tiene un toque bastante agraciado en sus palabras, es increíble pensar que usted es parte de la sociedad obrera como tal. La educación es el toque de distinción entre la gente, y eso usted con toda seguridad lo sabe. Me gustaría ayudarle, pero mi intervención a como usted lo piensa, cuesta mucho; un mucho que no estoy dispuesto a perder, inclusive negociar. Le insto a que siga trabajando con nosotros y que con su gran ingenio disponga a encontrar mejores  formas de sobrevivir con lo que le pagamos y que entienda de una vez por todas que su opinión no es de importante relevancia, retírese y déjeme seguir trabajando, pase un buen día joven.

Vaya, al parecer el jefe sabe algo más que solo dar órdenes, y yo pensando que era un inútil y aprovechado bien pagado. La manera en la que se trata a los obreros es deplorable por esa y varias razones más que no estoy dispuesto a explicar. Menos mal que estudié, soy un tipo de miserable con mejores oportunidades; espero de corazón que la situación cambie para Ernesto y todos los abusados. Me voy a limitar a comprender, aunque quisiera tener las facultades de hacer algo al respecto.

Y otra vez, aquí en el mismo bar. Ernesto tomando porque le van a dejar de dar beneficios por cada accidente que él mismo con su novia planeaba, luchando con cinismo con otro aún más corrupto, por un dinero que pagaba sus fiestas y locuras, lo bueno es que aún sigue en la lucha de terminar su tesis, graduarse sería un plus enorme, aunque él no lo vea así. Vivan los alucinógenos, viva el alcohol y todo aquello que nos hace bien y mal. La vida se nos hace interesante cuando estamos en la vagancia, sentir en la piel un frío que abraza y captura una esencia que en la sobriedad no se puede sentir. Viva, viva. En la empresa se hicieron unos cambios estúpidos, probablemente perdimos esos ingresos que cubrían estas salidas, ¿Sabés? No estamos tan mal después de todo, me voy a empezar a enfocar en la culminación de estudios y buscaré algún puesto en cualquier institución que demande mis conocimientos; un par de estudios demográficos, un ensayo sobre cierta comunidad. ¿Qué tan difícil puede ser? Ah, pero claro, con un porro en la mañana y el día empieza de maravilla, a veces se hace complejo volver a casa, me han cerrado la puerta y he tenido que ingeniármelas para entrar sin que mis padres se den cuenta, y eso si tengo suerte. Hay días que he tenido que hospedarme en el techo o en una banca de cualquier parque con los muchachos que andan en el mismo desvergue que nos gusta y complace. Mañana es un día cansado, quizá Nelson se apunta y vamos a la cueva a echarnos un par de litros.

Una y otra vez, un poco más que ayer, un truco, una vuelta, y aun puedo vivir. Sí, aún puedo vivir pretendiendo no sentir que me pierdo más de lo que me encuentro.

sábado, 3 de marzo de 2018

Brújula (Ruidos)

Visitar un lugar y considerar si es apropiado para el ocio es una tarea venerable que incita a valorar la calidad de la estancia y las futuras posibilidades de una visita próxima. Quedarse inmerso en un ambiente como si lo único que me queda es verme en el silencio de mi introspección; llegar al bar y encontrarme con los muchachos es mucho más cómodo que llegar al bar con el ideal de tomar, ¿Acaso la invención de los bares fue diseñada para llegar a embriagarse? 

- No sé vos, pero me parece una casualidad venir y encontrarme con las mismas almas en penas, a fin de cuentas a eso se reducen ustedes, ¿No? - Susurro en su oído.
- Es grato al menos saber que en tu vulgaridad guardas un poco de disimulo.
- Bueno, es lo que alguien de tu calibre merece para no ser etiquetado públicamente.
- Yo también te quiero.
- ¿Hipocresía? 
- Le diría honestidad amigo mío.

Ir de regreso a la casa, pensar en lo que pasó me hace sentir perplejo mientras Ernesto relata su día a día; un hospedaje en el parque, el alcohol nos toca y nos golpea como si se tratase de la brusquedad de un policía pedante en busca de un respeto que nos genera gracia. Ahora bien, ¿Cuál es la gracia de tu experiencia? Llegar de madrugada con los ojos hinchados mientras tu integridad se basa en la comicidad de las escenas que en un momento fueron gratas, como una vulgar tragicomedia que te hace llorar en la soledad de tus aposentos. Ernesto, estudiante de sociología que cursa el último año de su carrera, estudia para su gusto y trabaja para comer. Muchacho de calle, hombre de ingenios, qué andás pensando cuando me ves y sonreís como si la vida fuese un respiro, decí mi nombre, decí como me llamo; entonces te quedas absorto mientras ignoras lo que te pasa, viendo como si nada te importase el azul del cielo que te envuelve en las nubes. Qué pacífico sonreír cuando en tu cara la sonrisa se pinta falsa. Qué bonito conversar con vos que andas ebrio. Ebrio por la sobriedad absurda que vos mismo consideras la mejor. Llegamos a la plaza Fonseca y con un cigarro en la derecha me mirás con una seriedad que me provoca reír, todo porque el humo te sofoca y te alivia una ansiedad que ni vos mismo conoces. ¿Escuchás eso? ¡Es Lucía! 
  
- ¡Epa! ¿Cómo están muchachos?
- Mejor que nunca. - Expreso con neutralidad
- Se nota.
- ¿Dónde vas?
- A trabajar... Es muy temprano como para estar en la plaza, ¿No creen?
- Pues sí... -Afirma Ernesto.
- Bueno, les dejo, no quiero ser irresponsable.
- Yo también me voy, necesito llegar antes de las nueve, no vaya a ser que me pongan de irresponsable. - Comento abiertamente.
- ¿Ya? - Pregunta Ernesto.
- Sí, te veo luego quizá, cuidate.
- Adiós muchachos.

Qué bonito el día que te calienta la piel y se asoma con ganas al cuerpo, como el impacto sonoro de una ola que toca una piedra costera. Llegar como un infante emocionado al momento de entrar a la ducha, me hace recordar emociones que afloran distintas y apreciables sensaciones que se esparcen por el placer de un momento que tiene la más mínima importancia; es irónico saber que es gustoso deleitarse del sofoque y el humedecimiento, sentir en la cabeza el agua que viaja por casi todos mis poros, bañarme y reírme por el buen ánimo que me causa me hace pensar que debo buscar viaje lo más pronto posible. Ropa íntima, calcetines, pantalón, desodorante, camisa, gorra, listo.

Caminar sin más por el anden que me lleva a la parada del bus y forzarme a seguir por el hecho de que necesito comer se me vuelve monótono, de hecho, una obligación que trastoca soez mis deseos de poder sentirme libre de trabajar donde hago lo que no me gusta. Me pagan poco y no me alcanza ni para consentirme. Llego a la industria y me encuentro con el supervisor de la maquinaria. ¡Echevarría! Señor, dígame. Necesito que vaya e inspeccione el sector 4b, uno de los procesadores está presentado un calentamiento anormal y me preocupa porque quizá afecte a la producción de hoy. Está bien, en cuanto evalúe la situación e identifique el problema le informo. Intrigante mi llegada al sector 4b a orillas de la apertura de la oficina de supervisión, por un pasadizo visual que permite ver el escritorio del supervisor, encuentro a doña Fátima (esposa del supervisor) en el mero ajetreo candente encima del Ingeniero Augusto Fiallos (miembro de la directiva de la industria), que sorpresa, eso me pasa por fijarme. El ventilador no es el problema, las válvulas están reguladas según la mecánica del sistema, hace el mismo ruido mierda que me enferma y contamina mi paciencia, de hecho, el visor de temperatura no se muestra alto, ¿Por qué carajos me mandó aquí? Caliente está su oficina... Vaya. Supongo que es mejor no entrometerse donde no se me ha llamado.
La cabina de las maquinarias están alegre cuando llego, los papeles contienen datos coloridos en referencia al informe semanal de rendimiento, las luces brillan con ganas, las engrapadoras muerden el papel y genera un sonido que relaja mi mente, al tac de mis dedos, compás de 6x8, percusiones graves de una madera fuerte, mi escritorio como tambor y  el pitido inconstante de la interfaz reguladora; bienvenidos a mi sala musical, donde el ruido no existe y las melodías persisten.

Llego a la parada de nuevo, con el caminar cansado y los ojos con ganas de caerse, el bus tiene un calor especial en las noches de las ocho, hay poca gente y los asientos que dan espacio a ventanas me llaman con cariño; el viento sopla en mi cara con una delicadeza que yo percibo precisa, veo la calle que se tiñe de luces amarillas y blancas, personas que caminan a rumbos insospechados y la parada que se asoma próxima a mi destino. Ahí va el señor Martínez bien alegre, a una cuadra de distancia puedo ser capaz de apreciar como su semblante emana una esencia que a veces envidio. La ignorancia de no visualizar las totalidades me hace sentir una enorme tristeza que se traduce a múltiples omisiones que no pienso detallar, entonces el calor mudo de mi cuarto me inunda y me lleva a un ruido fuerte y cruel que en la cama yo llamo silencio.

viernes, 23 de febrero de 2018

Brújula (Prólogo)

 En la búsqueda de horizontes nuevos, uno anda meditando sobre los pasos que a continuación se presentan, de vez en cuando caminamos en busca de una razón que sobrepase cualquier intento de vaguedad; caminar es una forma de vivir, así como quien por pereza decide omitir aspectos importantes de la vida o podría decirse que es uno de los tantos modos de proceder. Es intrigante identificar situaciones que ameriten  decirse riesgosas, no por el grado de dificultad, quizá en el peor de los casos peligrosidad, pero decime vos que caminás, ¿Es necesario siquiera al menos valorar los factores antes mencionado? Es muy frustrante (para mí) lidiar con los factores de riesgos con lo que respecta a investigar las vagancias que a diario y sin buscarlas se me presentan; la concepción de ciertas palabras que, moralmente son poco aceptadas me hacen pensar si lo que consideramos poco ético de verdad carece de moralidad. No puedo venir y decir que la moralidad colectiva me vale un pedazo de mierda, no es nada respetuoso ocupar palabras soeces para expresar un malestar que se presenta temporal. 

Calificaciones basadas en criterios que no son los míos, ¿Debería acaso importarme la opinión ajena si en el fondo de mi noción no me importa?  No hay conclusión en un asunto donde las definiciones nos limitan, moverse sin rumbo es una cualidad que requiere ciertas aseveraciones, (que no me importa no considerar) sin embargo, solo queda caminar, sin brújula, sin viento, solo yo y mis aciertos. 





sábado, 13 de enero de 2018

Bucle

En un rincón, apartado de sonidos inquietantes, me pongo a pensar sobre las condiciones de mi entorno, casi como si el cerebro procesara sus ideas en prioridades según lo que más le afecte al cuerpo; si que hace un calor exarcerbante, está horrible. Tengo hambre, me toca cocinar y espero hacerlo bien. ¿Dónde está la sal? Suave me voy dando una idea de donde estoy, en este diminuto mundo hay muchos rincones, para ser específico no podría determinar un número exacto de cuantos hay; no es importante el dato, que calor más feo, mi piel se inunda y brilla al ritmo de las gotas del sudor, respiro porque sino me ahogo y es feo porque el aire sale caliente; intento darme cuenta en que rincón estoy, tengo  calor y mucha hambre, me siento como en un escena paradójica, ¿Será que estoy soñando? Que calor más cruel, siento que me quemo y ya el hambre se me fue; definitivamente esto es un bucle estúpido.

Por fin, abro los ojos y te veo en el lado izquierdo de nuestra cama, el lado que más te gusta, dormida muy bien acurrucada en la almohada; que sueño más raro.

- ¡Dagoberta! Dejanos dormir por favor que aún seguimos acostado.
Mirada tenue e irritada de parte de ella
- ¡Bah! No me veas así, te lo pedí como un favor.
- Que inmunda tu vida, seguis ahí como si no tuvieras nada que hacer, sos un boludo de primera.
- Vos no sos mi mamá, no seas ridícula

Buscando baño en la mañana, Yara en la cama durmiendo de tal forma perfectamente envidiable, que sutil se nos vuelve el aprecio cuando nos detenemos a observar; preparo el desayuno mientras la Dagoberta busca conversar con don Bruno que está leyendo el periódico bien agusto. Hay harina para mezclar y hacer panqueques, una docena de huevos y un tarro de margarina artesanal, voy en busca de las porras, en una de ellas pongo agua, azúcar, canela y clavo de olor, la miel que la Yara le gusta; otra porra lleva margarina a fuego lento y vierto la mezcla preparada al centro de la porra. Don Bruno me mira fijo como preguntándose lo que hago, le sorprendo y le doy vuelta en el aire al panqueque que está en el fuego, se asusta al ver la pirueta culinaria y se pega una carcajada que asusta a la Dagoberta que escribía sus sueños en un diario especial, me río de los hechos y le sirvo a ella y a don Bruno que me agradece el desayuno.

- Amore mío, ya está el desayuno, vamos a comer. ¿Te parece?
Y bostezando te estiras con una ternura que solo vos sabes dar, vas abriendo lento los ojos que brillan y nacen en tu satisfactorio descanso y me abrazas fuerte, sonreis y tus cachetes se enrojecen. Vamos, me decis risueña. ¿Qué es? - Me preguntas curiosa
- Panqueques, como te gustan. - Te contesto alegre.

En la tarde vamos donde tus padres, Don Bruno nos va a llevar. Fíjate que tuve un sueño raro, era como una escena donde los hechos se repetían, así como un ciclo más o menos. Tenía  calor, hambre y así iba repitiéndose siempre. ¿Qué puede significar eso Moisés? Me pareció escuchar a la Dagoberta en la mañana. Si, vos sabes que ella es toda alborotada y le gusta llegar a nuestro cuarto a despertarnos. Me voy a bañar, veo que estás listo, que rápido. Mas o menos, ¿Qué podría decir? - Le dije riéndome.

En la calle de la avenida mayor hay unos niños limpiando los vidrios de los carros que pasan, los vemos e ignoramos su miseria como si aceptaramos que no podemos hacer nada, en la próxima vía don Bruno vira a la izquierda y cruza una calle que da apertura a la rotonda del trompo, derecho por el boulevard hay un parque bonito con una vista bella del atardecer, ahí están tus padres Yara, ahí amore,  ¿Ya los viste? Nos acercamos y saludamos con ganas, hablamos de los proyectos y de los viajes de este año. ¿Y si vamos al teatro? - Comenta doña Verónica. Vamos pues le digo yo, pero vos Yara, le quedas viendo como si disgustada estuvieras, en silencio tu papá te observa y quiere reír, pasan tres segundos y le decis que si, tu papá se carcajea,  vamos todos pues, don Nelson nos lleva. Que obra más buena, al final el diseñador le vende su clarinete al niño ciego, ¡Estafa! Ay, a don Nelson le pareció una estafa, nos vamos a cenar al restaurante Polidor y un gordo nos atiende, fue interesante ver que él era también dueño del local, le pedimos el plato favorito del chef y  nos ofrece un vino de cacao hecho en el mediterráneo, le pedimos unos diez rollos de sushi mientras conversamos sobre nuestros proyectos al retorno de nuestro viaje; mesero, mesero, venga y nos trae agua por favor, estoy sediento. Yara recorda llevarle el estuche a mi primo cuando lleguen a Pinar del Río. Bueno papá, no se me olvida. Bueno, ¿Y ustedes se van a casar? Miro a la Yara y me pongo a pensar sobre que responder... Ah, el mesero está cerca, que suerte... Vaya, se está cayendo,  esto ocasionará un terremoto. ¡El tarro de agua! Va encima mio, me voy a mojar, oh no.

... ¿¿?? ...

Estoy en un rincón, que calor, tengo hambre; ¿Qué estoy haciendo aquí?

- ¡Te encontré! Tenía mucho tiempo buscándote, que buen escondite este rincón.
- Me dormí.
- ¿Qué?
- Natalia, ¿qué hora es? - Pregunté todo desubicado.
- Temprano, recorda que quedaste de ir donde la Yara a las once.

Resulta que a veces los sueños me engañan.

jueves, 4 de mayo de 2017

Psicopatía

Cada vez que me acerco a un espejo me siento contento, es en ese preciso momento donde mis ojos se encuentran con mi alma, el reflejo exacto de mis emociones y mis sentimientos; la noche cae con una fuerza increíble, y mis ganas de hacer algo excitante crecen de mismo modo.

Viernes por la noche, monólogo habitual, encuentro de mi persona con mi amiga la consciencia, ¿Me siento? - Claro, ¿Querés vino?- Si, gracias muy amable. El mismo ritual, es satisfactorio; me acordé de algo, sabes, mañana me toca ir al dojo, ¿Me acompañas? Managua tiene un aire que me envicia, con mi amada consciencia disponemos de una caminata que afloja mínimo dos horas de placer, ahí cerca de la Vicky  pasan los muchachos de la vida transeúnte, entonces el acercamiento es fácil y como una dama bella e inteligente las palabras adecuadas facilitan el envolvimiento de nuestro nuevo juguete, ¿Verdad qué sí amada Consciencia mía? ¿Verdad qué sí? A ver, a ver, ¿Qué tenemos aquí? Siguiente paso; aletarguemos el proceso, disfrutemos la vida, al menos la que le sobra. (Risa sabrosa).

- Buenas noches.
- Hola, buenas noches. ¿Vos sos por casualidad el muchacho con el cual me iba a encontrar? 
- Eso depende de vos.

Pequeño detalle que aflora y que mis ojos perciben, su nombre en su carné colgado sobre sus voluminosos pechos.

- Vaya, que suerte tengo, por el momento todo apunta a que la noche con vos se vuelve intrigante. - Expresó con una perspicacia inocente.
- Celia, me gusta caminar sabes, así, antes de aventurarme en tragos que conducen a mi cuarto, puedo conocerte y determinar si realmente mereces una aventura sexual conmigo. 
- El sarcasmo es lo tuyo... Discúlpame, y... ¿Cómo te llamas?
- En el camino te lo digo.

Paseamos por la larga calle que destina la entrada al hostal que se sitúa frente a la iglesia San Agustín, mano derecha, mano izquierda, mano derecha, una escalera que tambalea sus piernas y endurecen las mías, mira, ahí esta el parque de los robles, con este clima fresco sería un fracaso no obtener de su parte una conversación envolvente, le damos vuelta a la redonda al parque, pasamos por un charco, le doy mi mano con el fin de que se sujete y evite pasar por el charco que impide nuestro paso, me mira con un cariño curioso que me obliga a imitar el ángulo de sus ojos, hablamos de literatura, de la emoción que el arte esconde, los enigmas de la historia nacional, conflictos bélicos, y temas que encarrilan a las personas a sentir eso que yo llamo apego, vos lo conoces como confianza, proximidad quizá sea mas benevolente. Nos damos un tiempo y nos sentamos en una banca que da vista a la calle, me toma de la mano y me entera de sus hechos personales, la miro y le tomo fuerte la derecha, y asisto de manera que parezca que a pesar de mi silencio yo la puedo comprender, un juego tierno que destila emociones, sesiones de conductas que se mezclan en un río que desemboca en mis fines, delicia, belleza, felicidad. La llevo a mi casa, la meto a mi cuarto, le hago besarme con desenfreno, así el tacto se desinhibe de manera que el morbo cohibido emerge con fuerza y quema sus ganas, su boca que se entreabre en la ruta que mi mano cruelmente conoce y da paso a un desencadenante sexual ardiente, su boca besa mi boca con extrema suavidad, y en un baile lento pero sensual baja con seguridad a mi pene, de tal forma que se enloquece y me hace extasiarme; diversas posiciones, en distintos lugares, le pido un tiempo de dos minutos, voy a la cocina, tomo una copa, le sirvo whisky y mezclo un somnífero, le sirvo, la bestia incansable cesa su salvajismo y cede a mis brazos a medida que sus ojos se cierran. 

Querida Celia, estas en mi cama, abriste los ojos, que hermosos ojos tenes, tuve que poner un trapo en tu boca, disculpa, es que los gritos me incomodan, pero... ¿Estás cómoda? Escucha esa música, una bossa hermosa que tranquiliza nuestras almas, que hermosos tus senos, ay Celia; permiso, voy a la bodeguita a sacar unos guantes,unos bisturíes filosos y otras cosas filosas. La anatomía en su máximo esplendor, que hermosa la sangre que se derrama sobre tu pierna izquierda, mi mano da paso a una cisura limpia y fina, y el rojo brilla en mis ojos, esto es arte Celia, dan ganas de pintarlo para luego enseñártelo, a ver, Consciencia, ¿Te gusta esto? Tiene una piel suave y huele rico, probablemente el cuero nos sirva para lucirlo como protector de mi estuche de gafas. Celia, Celia... ¿Celia? Que lástima, que rápido moriste. Enciendo las luces, y en una emulsión casi artística, el tungsteno se muestra limpio con un azul mórbido, de esencia impecable, ay, esos tonos coloridos que nunca se marchitan en la memoria. Conecto la sierra y hago cortes limpios, me encargo de quitar manos y pies, detesto esas dos partes del cuerpo, son tan sucias y asquerosas, que hermosa Celia, sos hermosa, una obra de arte. Bueno, mucha diversión por hoy, mañana me encargo de tu piel y procedo a tirarte en pedacitos en el cauce de la Vicky, ja, que ironía, donde te hallé te dejo, respetuoso yo como siempre. 

- Viernes 19 de mayo del 2017

Los días tienen un sabor suave cuando la pasión no me posee, extraño a Celia. 

Espejo amigo mio, consciencia hermana mía, ¿Cuándo será el día que la soledad me deje libre? Rumbo a mi trabajo, me encargo de estudiar el caso de Celia que fue reportado hace cinco días, alguien al parecer encontró partes de su ya hermoso y difunto cuerpo. Que aburrido, pues, ¿Debería culparme yo mismo? Aquí el centro de investigación forense es un asco, pero con un perito convincente es más que suficiente para subirle los humos a estos inútiles policías. 

En la tarde me encontré con una muchacha llamada Nicole, me sorprende su pintura, me emociona pensarla en mi casa, hablando de su arte, de poesía, literatura, interesante. Procedo a acercarme con cautela y comienzo a insinuarme, como una serpiente que zigzaguea sobre el dorso de su presa, me envuelvo en su boca, en sus ojos, en su piel morena,  y lentamente nos encontramos juntos en la infinidad de la palabra, me entero de su capacidad, me asusta pensar que ella es como yo, vamos a su casa, me ofrece un trago de champagne y cierro los ojos. En un ávido instante lo niego, y ríe. La miro con certidumbre y me dispongo a reír de mismo modo. Buen intento, que bueno saber que la soledad se llama como vos.



domingo, 26 de febrero de 2017

Anécdota de vagos y un asesino (Memorias)

Ciertas experiencias demandan nuevas vivencias, enseñanzas justas pero no necesarias. La anécdota de un hombre que se empapa de miseria, muerto en vida bajo el presidio, esperando la paz que hace mucho se le fue. En la madrugada del siete de enero, un grupo de muchachos son detenidos a plena vía pública, puesto que fueron sorprendidos por consumo de alcohol y sustancias ilegales.

- Me lo merezco. - Me repetía constante en la cabeza
- Este es mi regalo de año nuevo, detenido en la estación junto a mis amigos y una muchacha que quiero y a duras penas me besa. Me lo merezco, es mas, deberían golpearme, agruparme con los delincuentes, que me escupan, pero que no me violen. *Monólogo de un ebrio.*

El reloj marca las dos de la madrugada, ella pega gritos como si la fueran a violar, cosa irónica a mi parecer, en las celdas de mujeres no había ningún transexual, aparte que las mujeres carecen de pene, esas mujeres se miraban pacificas. Por otra parte, nosotros excepto yo, con la cara agobiada y el arrepentimiento en alto; yo merecía estar ahí.

- ¡Ya hombre, guarda silencio chavala! - Expresó uno de los tantos policías. 

Entre risas y sonrisas, los policías nos miraban mientras uno de nosotros discutía, cabe señalar que yo estaba en un completo silencio, pero en mi mente las palabras sobraban; entonces entre ellos se burlaban de nuestro estado, como sea que se le pueda llamar, enllavados, drogados, ebrios, borrachos... ¿Cómo es posible que estos muchachos de "buena estirpe social" estén en esta estación? Son unos pendejos afresados. Yo no sé que se les pasó por esa cabeza de mierda, puros niños mimados; esposemos al negrito de pelo largo, ese andaba la marihuana. Feo les va ir, ¿Vos sabes por qué el hijo de un comisionado está con ellos? No me vas a creer, ese era el que andaba la marihuana y se la dio al otro. (Risas) ¡Que hijueputa mas vivo!

Pasa el tiempo, corre el reloj y los segundo pesan. Todos sentados en el pavimento cerca de la gran pared azul, nos ponen en pie, nos revisan mientras apoyamos las manos contra la pared y la lampara alumbra a cierta distancia nuestros rostros, nos requisan, toman nuestras pertenencias y nos mandan por suerte a una misma celda, excepto ella, que se quedó sola, que lástima. Dentro en la celda me quedé de pie observando el entorno, había una lampara que no brillaba mucho por fuera de las rejas, una sola lampara para las seis celdas, habían muchos zancudos, las camas eran de concretos, y hacia un calor insoportable, el baño era un letrina sucia y compartía el mismo espacio de aquello que podrías llamar ducha. Estaba muy elevado gracias a la marihuana, y ebrio a la vez gracias al alcohol, no pude más, y me dormí en el segundo piso de la cama. Me dice un hombre entre las sombras que apenas se podía ver, envuelto en unos harapos y unos periódicos.

- Si aquí no te cobijas bien, vas a salir con dengue.
- Te creo, le haces huevo para estar acostumbrado al ambiente. - Le respondí.
- La costumbre loco, vos sabes. 
- Buenas noches.
- Buenas madrugadas. - Finiquité. 

Ya eran como las cinco de la mañana aproximadamente, entonces abrí los ojos y logré percibir música, ¡Sí! Música en la cárcel; era un hombre que en la celda dos golpeaba la pared con ritmo mientras cantaba alabanzas sobre su fe, en ese momento no sé que era mas insoportable, si escucharlo cantar, o los piquetes en todo mi cuerpo, a fin de cuentas decidí que eran peor los piquetes, pues el tipo cantaba bastante entonado. Me levanto de la cama, y me pongo en pie junto a las rejas mientras veo a un hombre bastante flaco saludándome, le correspondo el saludo y le comienzo a preguntar sobre el porqué esta preso. Me dice que robaba a la gente, pero lo percibí algo fuera de sus cabales, pues llegué a esa conclusión puesto que en la celda donde él estaba se encontraba solo; de repente se escucha un crujido bastante sonoro, y se abre la puerta que da paso al punto de control de la cárcel, entra un policía con dos hombres y los mete a la celda donde estaba con mis estimados amigos y el tipo raro que aun seguía envuelto entre harapos y periódicos, no le importó al parecer la aparición del agente. Mis amigos introdujeron conversación con los tipos, entonces comienzan a contar que los detuvieron por posesión de marihuana, bastante marihuana, cosa graciosa; uno sale a la hora, mientras el otro comienza a contar que lo detuvieron recién terminaba de follar con una morena que según él estaba buena; pasa una hora y todos preocupados, el tipo faltante salió a las siete y media, rumbo a los juzgados, mientras uno de nosotros comienza a llorarle al policía que ingresó de nuevo para meter a un tipo que llegó borracho, cabe señalar que el agente lo ignoraba de una manera fatal. Me llamó la atención que cuando ya eran por alrededor de las ocho, el tipo raro se levanta, tenía la cara algo desfigurada, era de pequeña estatura, moreno y tenia uno que otro tatuaje mal hecho en el brazo izquierdo, o en el derecho quizá. Se levanta de su cama con dirección al recién ingresado y le comienza a decir que se levanté, que se diera un baño, era obvio que le pidiera eso, olía feo y estaba muy sucio. El tipo no acata la orden al momento, pero al rato se levanta y se baña, le sigue el tipo con la cicatriz y de golpe comienzan a interactuar entre ellos, a los minutos estábamos todos conversando con todos, pues la conversación era la mejor forma de no aburrirse en un lugar pequeño, y así pasamos. 

Miraba con constancia las paredes y me llamaba la atención muchas cosas escritas en ellas. Dibujos, frases motivacionales, signos sin sentidos, nombres; y como yo soy un hombre que se adapta al entorno, comencé a dibujar, a escribir frases no motivacionales, escribí el nombre de todas las mujeres que me han gustado pero nunca tuve algo con ellas y hasta escribí el mio para conmemorar mi visita a la estación uno, por otro lado mis otros compañeros de celda siguieron mis pasos, uno de ellos escribió las tablas de multiplicar, por si algún día alguien llega dispuesto a estudiar. El hombre raro con la cicatriz en la cara, se portaba amigable y nos dio su nombre, se llama Manuel. Nos regaló comida, nos dio bebida y yo se la acepte, me importó un bledo el asco, pues su humildad fue más grande que el asco que me pudo haber causado.

- Mucho gusto Manuel, y contános... ¿Como llegaste aquí?
- Es una historia bien larga chavalos.
- No importa, estoy seguro que todos querrán escucharte, a mi me interesa.
- Esto es algo que no me gusta contar, vos sabes, antes me traumaba pero ahora pues puedo vivir tranquilo. - Expresó con un tono melancólico.

"Todo empezó cuando yo conocí a una chavala, allá en la Concha, Carazo, yo tenía como unos 28 años y me había ido bien, no terminé la secundaria, pero como fui un maje trabajador, el dinero difícilmente me faltaba, pues había ido a trabajar a Costa Rica, y ahí vos sabes que los ticos pagan bien, mi familia siempre me había apoyado y nunca me faltó el cariño y el calor de ellos. A mi me gustaba la jaña, el problema con ella es que tenía a su ex que era bien chivo; entonces salíamos a comer para conocernos mejor, y ya al tercer la día la maje estaba socando, después de esa vez, pocas veces salíamos sin terminar cogiendo, me gustaba ella bastante, y así estuvimos pues... Pasó el tiempo y una vez yo estaba en la casa con mi roco, mi mama, y mis hermanos, estábamos celebrando el cumpleaños de mi papa, que ya estaba algo viejo y de repente me llama la chavala, le respondo y me viene diciendo que la acompañe a una fiesta que había en el pueblo, creo que era la boda de una jefa que ella tenía, la mujer tenía reales y entonces invitó a medio pueblo, y pues yo no quería ir la verdad, yo quería que ella estuviera conmigo, aquí en mi casa. En ese momento mi papa me dice: "Hijo, ¿Para donde vas? Sí aquí estas con tu familia, aquí estas bien, no salgas hombre, haceme caso" Y yo pues siempre le hacia caso pero me gano la brama, y la llame y le dije que me esperara en la plaza que estaba cerca del lugar donde ella estaba; me las tuve que ingeniar para salir de la casa, pues yo sabia que me iba a dilatar y le meto el cuento a mi hermano y a mi roca que iba por más guaro, y así fue, le metí labia y tomé camino. Voy por ella, y uy loco, caminada de perro la que me pegue. Se me había bajado el guaro que había tomado en la casa, con esa caminada toda mierda se bajaba. Me la afinco y le doy un abrazo, y nos vamos pues a la cosa esa de la fiesta, ya en la mera bailadera de repente veo a un maje que nos estaba choteando, y resulta que era uno de los amigos del ex de la chavala, yo me pongo chiva porque el maje tiene fama de que le gusta armar bochinche y yo la verdad soy tranquilo y no me gustan esas cosas, entonces le digo a la chavala que ya me voy, y en lo que estoy saliendo me topo al maje, y me comienza a torear, pero se pone con otros majes y yo le meto su cachimbazo, en la vergueadera de repente veo a unos majes que le van pasando un gran machete y yo me pego la corrida y me comienzan a seguir; yo iba corriendo con miedo la verdad, y me voy cansando y me detengo en un parquecito pero los majes me venían taloneando, así que me tocó enfrentarlos pues, pero para mi suerte ahí estaban unos majes pues que eras mis broderes y me ayudaron a cagar a los majes que venían detrás mio y de paso yo les pedí un machete para defenderme por si el hijueputa se dejaba venir, dicho y hecho mi hermano, llegó el hijueputa con el gran machete y nos agarramos, yo me iba capeando al suave las estiradas que el maje me lanzaba, pero en una me trompiezo y siento un ardor feiuco en la cara, me metió un machetazo el hijueputa y por eso es que tengo esta gran cicatriz fea en la cara, mira hermano, yo la verdad me hacía hombre muerto, pero me aventé y le tire la mano con el machetito que me dieron, pero el maje se capeo, ya casi al final de todo estábamos algo golpeados, pues nos habíamos alcanzado a dar unos cuantos aruños con el machete. Estábamos en un árbol y yo aprovecho a capearme los vergazos, pues es que en una de las tantas que le trate de dar mi machete  se partió y ahí si estaba en un estado crítico, el maje la caga y se resbala, se le cae el machete y yo pensando en agarrarlo lo dejé ahí y con mi medio machete le metí varios machetazos, como 30 tal vez, me sentía endiablado, pero de repente me sentía débil, mal, vos sabes, si andaba la cara partida, y andaba sangrando, entonces me fui a la casa y me ve mi hermano y el maje se agita y me dice que vayamos a verguear al hijueputa, pero él no se imagino que yo ya lo había matado y me llevan pues al hospital, mi mama y mi papa me estaban llorando, eso es lo último de lo que me acuerdo, porque después me la pase inconsciente como por dos días, entonces pasado tres días escucho una conversación de la enfermera hablando sobre mi caso y que me van a llevar a juicio después del alta, y me escapé, volví con la maje, pero ya no era lo mismo, la había cachimbeado porque se portaba en un plan mierda y la deje sola, pase trabajando en una carpintería y a los 7 meses la policía me agarro, y aquí estoy, yo estoy pagando mi error aquí chele por una mujer que no fue buena y por no hacerle caso a mi papa."

- Vaya. Clase historia loco. - Le respondí anonadado.

La verdad fue una historia triste, ¿Verdad? Vaya, estos pendejos se durmieron.

- Ya ahora estoy en lo que estoy. - Contestó triste. 
- ¿Y no sentís impulsos de violencia a veces? - Le pregunté curioso.
- La verdad no loco, yo no soy violento, pero esa vez si sentí que el diablo me poseyó.
- Creo que fue tu instinto de supervivencia, situaciones que demandan una respuesta que jamas esperarías dar. 
- ...
- Tranquilo sí.

Ya el sol estaba algo alto y supuse que daban las tres y media o cuatro, cuando repente escucho que abren las puertas y dicen mi nombre; mi acta de libertad ya estaba lista, y salí, no supe nada de ella, ni la he vuelto a ver. A los minutos salieron los demás, pero uno se quedó, me despedí de Manuel, le pedí sus datos pero lo único que me dio fue el recuerdo de escuchar a un hombre arrepentido de sus actos. Me despedí de todos la verdad y les agradecí la hospitalidad y la amabilidad, pues me habían regalado galletas y otras cosas; los únicos de los cuales no hice contacto fueron con los de la celda uno, donde todos eran maras, trataron de asustarme pero no cedí y me fui haciéndoles una broma. Me sentí nuevo al sentir que el sol me daba en la cara, y salí con la mente mas aterrizada, pues las condiciones y el trato humano desaparecen cuando estas preso, me sentí como un león en el zoológico, aparte que la policía se olvida que tratan con humanos, salí a comprarle comida al que se quedó y llegué a mi cama pensando en como escribir esto.

miércoles, 23 de noviembre de 2016

Incógnito#1

Ciertas noticias sugieren una posible lluvia de estrellas fugaces. ¿Estrellas fugaces? Tal vez sean cometas, o restos de meteoritos, o algún asteroide que se degrada. Por el momento, la incertidumbre es el hecho más convincente.

Michael me invitó para este sábado a una fiesta en su casa; su mamá me dijo que te preguntara sobre si es posible que le prestes dos de los tres sofás que tenemos, ¿Qué le digo?

- No hay problema, que los venga a traer cuando pueda, o bien, un día antes.
- Bueno. - Le respondí sin más.

Viernes 25 de Noviembre

El clima ha estado bastante suave, las conversaciones se tornan interesantes en cuanto la noche cae; estoy tomando notas, reportando sobre lo que pasó ayer  y lo que pasó hace un par de horas. La feria de sexualidad convenció al público, que se sorprendió por las inéditas publicaciones.

El teléfono suena, Gabriela se queja e Inés se impone en el silencio, y en el secreto de sus ojos se queda muda.

- ¿Qué pasó?
- Mañana es sábado.
- ¿Sí? No te creo. - Expresé sarcástico.
- ¿No me crees? - Comentó con un tono retador, típico de ella.

La quede viendo fijo a los ojos, pero no sólo miraba sus ojos, observaba con deleite su piel, el rojo marchito de su cabello y sus piernas largas. Perdido en el encanto de su furia que me causa nerviosismo y ansiedad. Inés por otro lado, sencilla, con la mirada precisa y las palabras inciertas, fijaba sus oídos en el pleito de nosotros, tan torpe y a la vez genial; paseaba su mano por el cuello y tomaba con delicadeza cierto mechón azul, hasta llegar a su ancha espalda. Estúpida miopía, estúpido astigmatismo, esas gafas inhibían el encanto de sus ojos, hermosos, grandes, sin palabras.

- Muchachas.
- ¿Sí? - Respondió Gabriela.
- ¿Me acompañan mañana a la fiesta de un amigo?
- Bueno.
- Inés, ¿Y vos?

No responde, me jode su silencio.

- ¿Inés? Le repetí un tanto alterado. - ¿Vamos?

Me queda viendo, sonríe un poco y me asienta con la cabeza de arriba para abajo, lento. Pero que necia.

7:36 P.M.

Me gustan tus piernas, me imagino dormido en ellas, despertándome solamente para besarlas, hasta llegar a tu boca, tus labios, tus ojos, la esencia que emana la dermis pálida, huele a sexo. En la noche me gusta irme con vos a posarme en el Lada del 2001, viejo, feo, bonito, y Bruno jodiendo. ¡Mira! Una estrella fugaz, ¿Pediste un deseo?

lunes, 4 de julio de 2016

Perspectiva #1

Ahora que todo se está empezando a poner como era antes, aburrido, rutinario...

Ya las cosas perdieron su gracia, pues no es lo mismo fumar, porque el desorden de ideas que giran en una misma proyección, no se visualizan de manera correcta sino mas bien se pronuncian abstracta y poco entendible. Ya no es divertido hacer ciertas cosas, porque me acostumbre a la novedad de tu no casual y sencilla forma de vivir y ser, que ahora que lo veo, siento que lo carezco en definitiva, al menos antes era más fácil, no te había quitado la paciencia como te la he quitado ahorita, y la verdad de todas las cosas que lamento, es ser un niño para vos.

Cuántas veces no quise ser un hombre tratando de que vieras que me esforzaba aunque nunca lo pareciera, es triste, tonto, y de verdad muy estúpida toda esta perra situación. Supongo que el lamento no puede repercutir en directo con la posibilidad de una resignación leal. Ahora que pienso de manera más libre, puedo entender que el exceso corrompe hasta los vientos mas limpios. Las personas se imponen por unidad para ver que tan listos son en un grupo que carece de una guía. El liderato del día a día, ver quien es el mejor, el mas aquí, el más allá, el más este... siempre limitándose, todo por no ver opciones que el camino y las probabilidades ofrecen.

¿A quien carajo le sirven tantos conocimientos si su compañero de ideales y promesas futuras se va y te deja en la salvaje duda de los hechos sin descifrar?

Te necesito, porque a tu lado me siento un hombre, porque a tu lado me siento el mejor, y no porque lo sea, sino porque conocerte es comprender lo que tus ojos liberan y tu boca calla. Y eso, comprender eso, me transforma y me abre los ojos a perspectivas que al lado de otro nunca hubiese podido llegar a conocer. Sos el color de la llamada experiencia, las madrugadas amargas de una falsa noche, el cansancio de la rutina y el acecho constante de una memoria pasada.

¿Ahora qué? Aprendo a ignorar.

lunes, 27 de junio de 2016

Sin luz.

Envuelto en la noche, la oscuridad le murmuraba en el oído izquierdo, zumbaba a como una avispa baila en una flor en plena etapa primaveral, el frío le abrazaba los huesos, le soplaba la piel y le refrescaba la mente, en compañía del perro, la luna y un cigarro. Carlos sabía de la carta que le guardó a Kate, le prometió dársela a Jorge, apenas tuviese nueve años. Yo sabía que las cosas iban de mal a peor, no obstante, decidí que lo mejor era dejar a Jorge en un orfanato, no sé si la decisión sea la correcta, pero, no puedo cargar con ello.

El tiempo en su paso constante, demostraba su poder, Kate tenía catorce, había esperado con ansias sus quince, pero, la muerte se adelantó, y en un ágil movimiento, sin piedad le arrebató la poca vida y su cumpleaños.

 Recuerdo a Kate... tímida, reservada, sencilla, astuta y muy hábil en las artes gráficas. Sonreía sin miedo, y observaba con fijeza, sus ojos tocaban la puerta del alma, e iluminaban a como el faro guiaba a los navíos en una densa noche cruel. Su deseo era esperar cargar a Jorge en cuanto no más estuviese disponible, sentirlo en sus brazos mientras imaginaba la tardanza de la abertura de sus ojos incoloros. Escribo esto porque es probable que la muerte me esté acechando, cuando leas esta carta, quizá mi alma vague y en tus oídos mis penurias escuches.

 La vida le sonreía con certeza y apuro a Jorge, mientras las horas corrían, los minutos marchaban, pues en cada segundo la memoria se plantaba de manera que los rostros brillaban sin ser iluminados; bendición aquella que nace del secreto que no se cuenta. En una tarde silenciosa, la melancolía inundaba las almas, el farol de la entrada del pueblo temblaba tenue ante el viento que volaba con ritmo, haciendo bailar a las hojas en su danza fría, provocando el titiritar de los pájaros viejos y calvos.

Lucía escuchaba en la puerta un llanto desmesurado, fue tanto el susto que ignorar le parecía estúpido.

- Un niño... Expresó mientras decidía si estar sorprendida o no.

La canasta de un color café oscuro le incitaba a respirar con sollozos el aire triste que el llanto sin querer marcaba. Una carta saltó a sus ojos mientras acomodaba a Jorge en sus brazos. Los días solían ser diversos, y en cada paso la alegría se imponía fuerte, Jorge disfrutaba de la vida, y en los ojos de Lucía, la felicidad era verlo crecer. No hubo problema alguno con Jorge hasta que cumplió siete años.

 - Mamá, vos sos tan bonita como la luna.
- Y vos sos tan loco como el señor que vende el pan por las tarde, vaya a dormirse ya mi loquito.
 - Finiquitó mientras saboreaba de la maternidad.
- Te quiero demasiado mamá.
- Te quiero mucho Jorge.

Jorge, vení, estoy en la salida. ¿Dónde? Cerca de la puerta. Estoy afuera, ¿Dónde estás? No te veo. Aquí. Uuh, ¿Quíen eres tú? Hola, pues creo que me conoces. No creo, no te he visto nunca por el pueblo. Eso tiene una explicación, vos no salís mucho de la casa. Es cierto, todavía estoy pequeño para andar solo por ahí, y dime, ¿Cómo te llamas? - ¿Qué? No sabes mi nombre - Decía en susurros mientras sus ojos bajaban de vaga forma hacía los zapatos de Jorge. No, no lo sé. Yo me llamo Jorge, mucho gusto. Eso lo sé tontito, y dime, ¿Te gustaria jugar conmigo? Claro, está bien, siempre juego con mis otros hermanos, pero no entiendo porque no están. Inmenso en el vasto sueño, la cobija caía en el misterio de la oscuridad y el silencio, los ojos cerrados y una sonrisa risueña llenaban de paz la habitación.
En el fondo, la pena de un alma en llantos se recostaba a los pies de Jorge y le hacía cosquillas mientras dormía. Ay Jorge, hemos jugado mucho, ¿Te parece si seguimos después también?

 Mamá, ayer mientras dormía, conocí a una amiga en un sueño, no me dijo su nombre pero me dijo que íbamos a seguir jugando. Lucía preocupada por el estado mental de Jorge pensó que a su edad es común tener amigos imaginarios, no obstante, había más que imaginación...

- Seremos novios, si querés estar conmigo, tenemos que estar verdaderamente juntos.
- Creo que somos muy niños aún para ser novios, pero, me gusta jugar con vos, así que haré lo que sea para que estemos juntos. 

Jorge iba ser adoptado, por fin Lucía había encontrado quien lo quisiese, se negó, con la excusa de que no podía dejar sola a su amiga. Las noches cubrían la inocencia y en cada hora transcurrida, las sombras se hacían más fuerte. Jorge no tenía idea de los hechos, carecía de sentido común, Lucía no lo supo comprender, ¿Pero por qué? ¿No ves acaso Lucía? Los sueños se hacían más vivos, y Jorge disfrutaba eso, empezó a desear la noche con tanta intensidad, que se olvidó que a los niños como él, las tinieblas les causan miedo. Nadaba hondo hacia donde la luz huía, cantaba en la sombra de la mentira y se quedó atrapado en la locura de su pequeña mente, ¿Dónde fue a parar toda esa luz de sus ojos? 

- Jorge, ahora sí, es el momento, me siento sola.
- ¿Qué quieres que haga por ti amiguita?
- Jugaremos.
- ¿Qué jugaremos?- Kate manda aquí.
- ¿Qué tengo qué hacer?- Simple, hacerme caso. Empieza por pedirle la carta a tu mamá.
- ¿Cuál carta? - Preguntó con intriga y curiosidad.

Felicidades, hoy el día empezó bien, la mañana era fría pero no importaba, la felicidad calentaba las metas sin bases del pequeño Jorge. Ya son nueve años, ¿Y la carta?

- Mamá, mi amiga pidió que me dieras una carta, me la das por favor. Lucía se exaltó y pensó que quizá estaba jugando, y se limitó a ignorar; amigo, no le hagas caso a Kate.

El reloj marcaba las nueve, el silencio se hacía fuerte y la noche fría. El miedo no existía en Jorge, era un niño que estaba loco. Kate, hey, dime, cierro la puerta o espero por vos.

- Nos veremos en el bosque.
- Esta bien. ¿Cuándo?- En cuanto despiertes.
- Si así quier...



¿Qué? ¿Por qué estoy despierto? Apenas son las 2.30 am. Debería ir al bosque. Al paso de la ceguera, las penas acorralaban en compañía del misterio los pequeños pasos de Jorge, ahora sí. Estamos juntos, necesito que me abraces, abrázame por favor. Puñal en mano, rojo abundante, ¿Qué es esto? Jorge, poseído por Kate, mató a Lucía, que desastre, que lástima. No llores Jorge, no llores, no nos dio la carta, merecía ser castigada, yo puedo ver el futuro también, te iba a dejar, no llores mi pequeño novio, abrázame, ven.  Abre los ojos, toma el puñal y clávalo en tu corazón. Ahora abrázame de nuevo. Abre los ojos pequeño, dime, ¿Qué ves?